Durante estos días he estado hablando sobre cómo la iglesia se ha institucionalizado tanto que ha perdido su esencia. Desde las formas y los servicios hasta las normas; esto ha alcanzado incluso a los líderes. Hoy en día, muchos liderazgos no reflejan el concepto que se manejaba en el tiempo bíblico; tienen un modelo más parecido al de un CEO de empresa que al modelo de las Escrituras.
Por un momento hemos olvidado que nuestro verdadero ejemplo es Jesús. Precisamente hoy, el Domingo de Ramos nos recuerda su entrada triunfal. Zacarías 9:9 describe a un Rey "humilde y montado en un asno". Ese es nuestro referente.
Mientras el mundo espera a un líder en un corcel blanco (demostrando fuerza, estatus y exigencia de servicio), Jesús llega en un burrito prestado, mostrando humildad, cercanía y disposición a servir. Parece que, si fuera por muchos de nosotros, elegiríamos el corcel y los aplausos. Sin embargo, si nuestro Rey se humilló para servir, ¿por qué la iglesia ha convertido el liderazgo en un pedestal y a la congregación en un club de consumidores?
Para recuperar el camino, es necesario que nos detengamos a estudiar y analizar con honestidad las ideas equivocadas que hemos construido sobre lo que significa dirigir al pueblo de Dios."
El mito de la celebridad
Para empezar, tenemos que desmitificar el liderazgo tal como se maneja actualmente. Hablemos del Mito de la Celebridad. No quiero que parezca que me creo el mejor líder o que busco atacar a los demás; el propósito de esta enseñanza no es para señalar, sino para que ustedes, como iglesia, tengan claro qué esperar de alguien que dirige un rebaño.
Hoy en día se piensa que el líder necesita asistentes personales hasta para que le sostengan la botella de agua. Miren, yo entiendo perfectamente cuando un líder requiere apoyo; yo mismo siento que necesito asistentes porque hay detalles que se me escapan y alguien que me auxilie sería de gran ayuda. Pero el punto es que ese apoyo no es para beneficio mío, sino de la iglesia. Es decir, si alguien me asiste es para que la iglesia tenga más orden, no para que alguien ande detrás de mí con una toalla secándome el sudor. Espero explicarme: el problema es que hoy el líder no busca servir, sino acumular privilegios.
La pregunta es '¿Por qué la gente prefiere seguir a alguien que los trata así?'.y la verdad es, porque a veces nos deslumbra el éxito; sentimos que estar cerca de alguien con reflectores nos hace parte de algo 'grande'. Segundo, porque es más cómodo ser un espectador de la espiritualidad de otro que cargar nuestra propia cruz; preferimos servir al líder que esforzarnos en servir a Dios. Y tercero, porque nos hemos tragado el modelo del mundo, donde vales por cuánta gente te sirve y no por a cuántos sirves tú. Pero no debemos confundirnos el modelo del pedestal puede llenar sillas, pero solo el modelo de la humildad forma verdaderos discípulos. No buscamos el aplauso del mundo, buscamos la aprobación del Maestro.
"Yo no busco que la gente apruebe lo que digo, ni ando buscando quedar bien con nadie. Si así lo hiciera, ya no sería un servidor de Cristo. ¡Para mí, lo importante es que Dios me apruebe!" (Gálatas 1:10 TLA).
Recordemos que Jesús fue quien lavó los pies a sus discípulos. El honor no se exige, se gana sirviendo. Un líder que no se ensucia las manos no ha entendido el significado del Domingo de Ramos. Es por eso que, a veces, desde el liderazgo tenemos que hacer un recordatorio de que hemos servido; refrescar la memoria sobre lo que hemos hecho y lo que aún seguimos haciendo.
Yo me he invertido muchas veces en la iglesia, tanto física como emocionalmente. Quienes me conocen de toda la vida saben que nunca he buscado beneficios personales. Sin embargo, cuando pasa el tiempo y nos ven aquí al frente, a las personas se les olvida nuestro peregrinaje; piensan que solo estamos aquí por el privilegio, pero no es así.
Por eso hago mías las palabras de Pablo:
"Así que de buena gana gastaré todo lo que tengo, y hasta yo mismo me desgastaré del todo por ustedes" (2 Corintios 12:15).
El Mito del "Pastor Superhéroe"
Otro mito que debemos analizar es creer que el pastor es un "superhéroe" sin debilidades, alguien que debe estar disponible 24/7. Esta idea no solo afecta a la iglesia, sino también a los líderes, porque nos pone en una posición donde parece que nada nos duele o que siempre caminamos en una "nube de gloria". Pero no es así.
El apóstol Pablo fue muy claro al decir: "Me acerqué a ustedes en debilidad: con timidez y temblor... para que ustedes no confiaran en la sabiduría humana sino en el poder de Dios" (1 Corintios 2:3-5).
El líder es una persona real, con procesos muy humanos, con necesidades normales y cargas como todos los demás. En mi caso, en esta nueva etapa, el tener que trabajar fuera de la iglesia no me hace "menos pastor"; al contrario, me hace un pastor humano que vive la fe en el día a día, tal como ustedes lo hacen.
Creer que soy un superhéroe es peligroso para ustedes y para mí. Para ustedes, porque cuando yo cometa un error —porque lo voy a cometer— su fe se puede derrumbar por haberla puesto en un hombre y no en Dios. Y para mí, porque esa posición me obliga a usar una máscara, a no poder decir 'estoy cansado' o 'necesito ayuda'.
Pablo decía que somos vasos de barro (2 Corintios 4:7). El barro es frágil, es común, se quiebra. Si ustedes ven que este vaso de barro todavía sigue en pie después de tantos años limpiando, orando y sirviendo de todas las formas posibles, no es porque el barro sea especial, es porque el contenido es el poder de Dios. Mi trabajo fuera de la iglesia me mantiene con los pies en la tierra; me recuerda que el cansancio que ustedes sienten al llegar de trabajar, yo también lo siento. Eso nos hace familia, no una jerarquía.
El Mito de la "Dependencia Total"
Finalmente, debemos analizar el mito de que la iglesia depende exclusivamente de lo que el pastor haga. La iglesia debe entender que el pastor no puede, ni debe, hacerlo todo. Las congregaciones no se desarrollan si el líder acapara todas las tareas.
Esto daña a la iglesia por dos razones:
Frena el crecimiento: No da espacio para que otros descubran sus dones.
Baja la calidad: Mientras más cosas intenta hacer una sola persona, con menos calidad las hace.
Incluso los apóstoles tuvieron que decidir si se dedicaban a servir las mesas o a la oración y la palabra. Como dice Efesios 4:11-12, el papel de los líderes es perfeccionar y equipar a los santos para que sean los mismos miembros los que realicen la obra del ministerio. El pastor no es el que hace todo el trabajo; es el que los entrena a ustedes para que juntos hagamos la obra de Dios.
A veces me ha costado pedirles que se involucren porque no quería parecer que les estaba imponiendo cargas. Pero me equivoqué. Si yo hago todo, les estoy robando a ustedes la oportunidad de ser bendecidos por Dios a través del servicio. Creo que este tiempo que viene es un buen tiempo para que todos podamos servir mejor en la obra.
Una iglesia donde el pastor hace todo es como un equipo de fútbol donde el portero quiere cobrar los tiros de esquina, meter los goles y también ser el árbitro. Al final, no hace nada bien y el equipo pierde. Mi éxito como pastor no se mide por cuánto hago yo, sino por cuántos de ustedes están capacitados y listos para hacer la obra y creo que muchos de ustedes lo estan. algunos pueden pensar que les hace falta pero creo que en realidad están listos. Efesios es claro: mi tarea es darles las herramientas. Si yo sigo cargando todas las maletas, ustedes nunca van a desarrollar los músculos espirituales que necesitan. Por eso, de ahora en adelante, no esperen que yo sea el que solucione cada detalle; esperen que yo sea el que los desafíe a que ustedes lo solucionen.
Antes de terminar, quiero que volvamos a recordar esta imagen en el corazón: Jesús no entró a Jerusalén para que la gente simplemente lo viera pasar, Él entró para cumplir una misión que nos incluía a todos.
A veces, sin darnos cuenta, hemos construido una iglesia de 'espectadores' que esperan que el pastor sea el superhéroe que soluciona todo. Pero hoy sabemos que ese modelo no es bíblico y nos hace daño a todos.
¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por medio de los cuales habéis creído; y eso según lo que a cada uno concedió el Señor. 1 Corintios 3.5
Pablo dijo somos servidores, no dijo somos los apostoles y tienen que obedecernos, o somos los dueños de la iglesia, él dijo somos servidores. Yo no soy el dueño del equipo, soy un jugador más que hoy tiene la responsabilidad de ser su entrenador. Y como su entrenador, mi mayor orgullo no es meter los goles yo solo, sino ver cómo cada uno de ustedes salta a la cancha, descubre sus dones y empieza a transformar este lugar con su servicio.
Ya lo he dicho antes: a veces me ha costado exigirles porque no quiero ser autoritario, pero hoy entiendo que si no los desafío, no los estoy amando. Mi meta no es que estén cómodos en una silla, sino que sean esos siervos que Cristo llamó a ser.
No tengan miedo de ensuciarse las manos. Si yo, que soy un vaso de barro con las mismas fatigas que ustedes, he podido servir limpiando, trabajando y orando durante años, ustedes también pueden. No esperen a ser perfectos, porque Dios no llama a superhéroes, llama a personas dispuestas.
Olvídese de entrar por la puerta grande en un corcel blanco lleno de orgullo y comodidad, y decidase por el burrito de la humildad. Hagamos que esta iglesia no dependa de un hombre, sino del poder de Dios fluyendo a través de cada uno de ustedes.







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