Superando el que dirán
Superando el que dirán
Comenzamos hoy una nueva serie que he titulado: “La humanidad de Jesús”
En días pasados les he hablado sobre lo mucho que nos afecta esa idea de que los cristianos no podemos estar tristes, cansados, desanimados o incluso deprimidos. No sé de dónde se ha sacado esa conclusión, porque si alguien nos mostró las precariedades de la condición humana, fue precisamente Jesús.
Querernos mostrar fuertes todo el tiempo es, en realidad, antibíblico. Si algo no ocultó nunca la Biblia fue la debilidad de sus personajes; si los analizamos de cerca, todos ellos cometieron errores y enfrentaron crisis. Esa presión por la perfección nos ha limitado en nuestra relación con los demás, porque vivimos tratando de proyectar una imagen impecable, cuando lo que deberíamos aprender es a vivir plenamente nuestra humanidad. Necesitamos aceptarnos tal cual somos y entender que nuestras limitaciones no nos hacen menos.
El libro de Hebreos dice que tenemos un Sumo Sacerdote que se compadece de nuestras debilidades. La clave de ese versículo es que nos recuerda que Jesús padeció como nosotros y, por eso mismo, es capaz de entendernos.
Durante esta serie, estaré hablando de aquellas facetas humanas que nos cuesta procesar o enfrentar, y de cómo Jesús nos dejó una gran lección sobre cómo vivirlas cuando Él mismo las padeció. Hoy, en este Domingo de Resurrección, es un buen momento para recordar uno de los sentimientos más difíciles de cargar: la vergüenza. Creo que no hubo un momento más vergonzoso en la vida de Jesús que el camino a la cruz.
Para entender por qué Jesús decidió exponerse de esa manera, debemos mirar al origen de nuestro miedo a enfrentar la vergüenza y comprender cómo, en la cruz. Él no solo entregó su vida, sino que rompió por completo la herencia de la vergüenza que nos mantenía escondidos.
Punto 1: La Kénosis
Hay una palabra en Filipenses 2:7 dónde dice que Jesús se despojó esa palabra en el griego es Kénosis, que significa vaciarse. Eso nos habla de que Jesús no solo dejó su trono, sino como dice Pablo se "despojó" de su inmunidad al dolor y al cansancio.
Ahora piense en esto: el Creador del universo se dio el "permiso" de tener hambre, de agotarse tras una jornada larga y de necesitar dormir en una barca en medio de la tormenta, ¿por qué muchas veces nosotros nos sentimos culpables cuando nuestro cuerpo nos pide un alto?
Lo que pasa es que hemos cometido el error de creer en la "Super-Espiritualidad": Hemos creado una cultura donde estar agotado se ve como falta de fe. dónde estar enfermo es por castigo de Dios ,Pero Jesús nos enseña que el límite humano no es pecado, en realidad es nuestra naturaleza.
Jesús nos mostró el valor de la Vulnerabilidad la Vulnerabilidad se puede definir como "Incertidumbre, riesgo y exposición emocional".
arriesgarse no significa actuar cuando se está seguro de que se puede ganar; al contrario, significa actuar cuando se sabe que existe la posibilidad de fracasar
Jesús se hizo vulnerable al hacerse humano, aceptó el riesgo. Se arriesgó a ser rechazado, se arriesgó a que sus amigos le fallaran y se expuso emocionalmente al decir "mi alma está triste".
Muchas veces la religión nos dice que la vulnerabilidad es debilidad, pero la humanidad de Jesús nos demuestra lo contrario, que es valentía pura. Solo quien es verdaderamente fuerte puede permitirse ser vulnerable.
Jesús no jugó a ser humano; Él fue humano. Se vació de su invulnerabilidad para que nosotros pudiéramos llenar nuestra vida de su gracia. Si te sientes cansado hoy, no te sientas avergonzado; pues te sientes como un día se sintió el Salvador del mundo.
2. El origen de la vergüenza
Lo primero que produjo el pecado fue vergüenza. Adán y Eva se dan cuenta de que están desnudos y sienten que "no se sienten bien" para estar ante Dios.
Y es que huimos de la vergüenza desde nuestro hombre primitivo, es la creencia de que no somos dignos de amor, de que el grupo al que pertenecemos puede rechazarse".
A nadie le gusta sentir vergüenza. Es de las cosas que más duelen al ser humano. Y desarrollamos máscaras para cubrir nuestra vergüenza. Las hojas de higuera en la biblia fue el primer intento humano de crear una máscara. Trataron de cubrir lo que eran porque tenían miedo de ser vistos y de sentirse expuestos . Desde entonces, el ser humano vive agotado usando sus propias "hojas de higuera" todo lo que le sirva para sentirse bien ante los demás (títulos, posesiones, aparentar que somos fuertes) para no ser rechazados.
Adán pecó y se escondió entre los árboles para cubrir su desnudez. Jesús, sin pecado, se dejó colgar en un madero y permitió que lo desnudaran.
Como ya dijimos vulnerabilidad es incertidumbre, riesgo y exposición. Jesús en la Cruz se expuso al máximo. No sé cubrió para no sentir la burla; se dejó ver en su momento más frágil.
Jesús no ignoró que la situación era vergonzosa, recuerde que asumió la humanidad pero decidió que su amor por nosotros era más importante que su reputación.
Cuando nos pasa algo que nos hace sentir "menos" o "indignos", nuestra primera reacción es callar, escondernos, huir, para que nadie se entere.
Pero al callar, le estamos dando la razón a la vergüenza. Lo que no se habla, se pudre por dentro. El secreto se convierte en una carga que nos drena la energía y nos hace sentir cada vez peor.
La única forma de ser resistentes a la vergüenza es ponerle nombre.
Cuando decimos: "Me siento avergonzado porque fallé en esto", la vergüenza pierde su poder. Deja de ser un monstruo y se convierte en un problema que tiene solución.
En la Cruz, Jesús no se quedó callado. Expresó su dolor, su perdón y su abandono de todo lo que estaba enfrentando en la cruz. No trató de "hacerse el fuerte". Al hablar desde su vulnerabilidad, le quitó el poder a la vergüenza.
Si seguimos guardando silencio sobre nuestros miedos y fracasos, la vergüenza nos seguirá consumiendo. Pero si, como Jesús, nos atrevemos a "ser vistos" tal cual somos, la vergüenza pierde su fuerza.
Punto 3: La Cruz y la Muerte del Honor Social
En el tiempo de Jesús, el honor era algo muy valioso, era lo que la sociedad decía de ti.
. Si alguien te insultaba o te humillaba en público, te estaba "robando" tu valor frente a los demás. De hecho aún creo que lo puedes llegar a sentir actualmente.
La gente vivía aterrorizada por la desconexión social. Ser avergonzado públicamente era una "muerte civil". Si perdías tu honor, perdías tu lugar en la familia, en el trabajo y en la sinagoga.
Por eso los fariseos siempre buscaban los primeros asientos; necesitaban que la gente confirmara su honor para sentirse valiosos.
Los romanos no solo querían matar a Jesús, querían avergonzarlo hasta acabarlo. De eso se trataba la muerte de cruz, Jesús tuvo que tener la peor de las muertes. La que mostrará la mayor vergüenza.
la desnudez es vulnerabilidad extrema. Al despojarlo de sus vestiduras, intentaban quitarle su última capa de dignidad humana.
Lo pusieron en un lugar alto, al lado del camino, para que todos pudieran burlarse. La burla es la herramienta principal de la vergüenza para decirte: "Tú no perteneces aquí". Es excluir , es rechazo.
Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.(Hebreos 12:2)
Jesús "menospreció la vergüenza". En el griego original, esto significa que Él decidió que la opinión del sistema romano y de los burladores no tenía peso frente a la aprobación de Su Padre.
Hoy no nos crucifican en una colina, pero nos "crucifica" la opinión de los demás. en los comentarios de redes o en las críticas de la gente.
Jesús fue consciente de la humillación, pero no dejó que definiera Su identidad.
Jesús no buscó recuperar su honor ante las multitudes que lo insultaban. Él sabía dónde estaba su verdadero valor.
El mundo trató de quitarle a Jesús su honor desnudándolo en una cruz, pero Jesús demostró que el verdadero honor no es lo que la gente dice de ti, sino quién eres tú ante Dios. Él prefirió perder Su reputación para salvarnos. Si hoy te sientes señalado o avergonzado por el 'qué dirán', recuerda
que Jesús ya venció para darte una identidad que nadie te puede robar.






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