Devolvamosle la sencillez a la iglesia
Devolvamosle la sencillez a la iglesia
Durante esta serie he venido hablando sobre cómo la iglesia ha experimentado cambios; muchos de ellos necesarios para utilizar los recursos modernos y las formas que nos permitan alcanzar a esta nueva generación. Sin embargo, el problema es que actualizarse no debería significar perder la esencia.
Lamentablemente, en el afán de querer cambiar, hemos vuelto complicada una fe que inició y nació para ser simple. El evangelio nunca debió ser difícil de entender.
Así que a veces, en lugar de ayudar a la iglesia, la hemos llenado de formalismos que le roban la vida. Pensemos en esto: la iglesia primitiva no seguía el manual de una institución; no había un 'paso uno' y 'paso dos'. Hoy, para que alguien se bautice, lo netemos a meses de procesos y enseñanzas; cuando antes, el encuentro con Cristo y el agua eran suficientes y en ese mismo instante. Entiendo que algunos reglamentos ayudan al orden, pero muchos otros solo han servido para asfixiar esa vida natural que antes fluía y contagiaba a todos.
Nos hemos vuelto expertos en dirigir una organización, pero hemos olvidado cómo asombrarnos ante la presencia de Dios.
La iglesia de Hechos no se reunía para cumplir un programa; se reunía porque no podía estar lejos de sus hermanos. Hoy ell problema no es que nos falten recursos, o “estrategias” es que nos sobra estructura y nos falta hambre. Hemos menguado la fe hasta que dejó de ser un desafío y se convirtió en un trámite.
Para recuperar la esencia, hoy necesitamos volver la mirada al modelo de Hechos 2:42 y redescubrir los tres pilares que sostenían a aquella iglesia viva.”.
La Dedicación
Hechos de los Apóstoles 2:42 NTV
[42] Todos los creyentes se dedicaban a las enseñanzas de los apóstoles, a la comunión fraternal, a participar juntos en las comidas (entre ellas la Cena del Señor), y a la oración.
Para entender cómo debe ser la iglesia, debemos ver una clave muy importante en Hechos 2:42 la biblia "se dedicaban". No era algo que hacían por costumbre o en su tiempo libre; era su razón de vivir. Esta dedicación se distingue por tres cosas claves.
Devoción. Es por qué.
Mientras que la obligación nos hace mover nuestras manos para servir, la devoción nos hace mover el corazón para buscar a Dios.
Devoción es preguntarnos ¿Qué le agradaría a Dios? en lugar de ¿Qué me entretiene a mí?.
Jesús no fue a la cruz por compromiso, fue por devoción al Padre y amor a nosotros. Nuestra dedicación el domingo debe ser igual debe nacer de esa misma gratitud. Si no hay devoción, el domingo es es solo una reunión más; si hay devoción, es un encuentro con nuestro Amado Dios.
Prioridad. Es cuando.
La dedicación no se trata de tener tiempo, sino de hacer tiempo. Vivimos en un mundo donde el trabajo, el cansancio y las responsabilidades tienen nuestra atención, pero la prioridad define quién es nuestro Dios.
Cómo sabemos, muchos se dedican a sus carreras, a sus pasatiempos o a su vida personal. La iglesia primitiva, p priorizaba el la comunión unos con otros.
Una persona dedicada organiza su vida alrededor de Cristo, no intenta meter a Cristo en los espacios que le sobran. Un domingo en la iglesia es un momento "no negociable" de mi semana.
Constancia. Es cuánto.
La dedicación tendrá que pasar por la prueba del tiempo. No es como la semilla que brota y se quema por el Sol.
El griego proskartereo implica persistencia obstinada. Eso es estar ahí cuando no hay ganas, cuando estás cansado, cuando el servicio es sencillo y no hay "espectáculo" para que te sientas motivado.
Lo interesante es que no era una reunión masiva una vez al año, sino que "cada día" estaban juntos. No había algo llamativo cada día para ir. No había un invitado especial cada día. Era simple perseverancia. La constancia es lo que construye una familia; la asistencia esporádica solo construye una audiencia. Es decir los que perseveran crean familiaridad, los que son esporádicos se transforman en espectadores.
La Comunión
Hechos 2:42 dice que perseveraban en la comunión unos con otros.
La palabra griega para comunión es una palabra muy famosa entre cristianos Koinonía.
Koinonia no es simplemente "llevarse bien" o saludarse en el pasillo. Significa tener algo en común, participación mutua o sociedad.
Ya he hablado antes que compartir alimentos es un momento que une a las personas. Tal vez viene de nuestro ancestro cavernícola cuando las personas se reunían para comer. En la iglesia cuando partimos el pan, estamos diciendo lo que yo tengo es tuyo y lo que tú tienes es mío. Es una relación donde nadie es dueño de nada porque todo es de Cristo.
El problema es que hoy hemos cambiado la comunión por la asistencia. Eso ha traído individualismo: Venimos a la iglesia a buscar "mi" bendición, "mi" paz y "mi" respuesta, ignorando que el hermano de al lado está sufriendo.
Hoy nos conformamos con un servicio de dos horas donde apenas nos miramos a los ojos. Y es que la iglesia primitiva no tenía un "programa de grupos pequeños", simplemente vivían juntos porque se necesitaban. Era una relación muy natural.
El problema es que la comunión exige vulnerabilidad. Es más fácil seguir reglas de la iglesia, que amar a una persona difícil, no tenemos mucha paciencia con las personas difíciles.
La pregunta es ¿Cómo sabemos que estamos desarrollando comunión? Lo sabemos por tres elementos claves.
Intimidad
En la primera iglesia, se reunían en casas; sabían quién estaba enfermo, quién no tenía para comer y quién estaba siendo perseguido.
No puedes decir que tienes comunión con alguien cuyo nombre o dolor desconoces.
Solidaridad.
"tenían todas las cosas en común". No era una obligación por requisito, era un impulso del corazón.
En otras palabras, si yo tengo pan y mi hermano no, el cuerpo de Cristo tiene hambre.
Unidad
Es decidir permanecer a pesar de las ofensas. Es recordarnos que Jesús murió por el hermano que me cae mal tanto como murió por mí. La unidad es el testimonio más grande que la iglesia le da al mundo.
La Sencillez
La iglesia de Hechos 2:46 dice que "partían el pan en las casas y comían juntos con alegría y sencillez de corazón".
No necesitaban una gran producción para que la comunión ocurriera.
Sencillez es quitar toda la exigencia religiosa para que solo seamos: Jesús y nosotros. La sencillez logra que el mensaje no se pierda en el predicador ni en los protocolos.
El problema es que hoy hemos hecho la iglesia "compleja".
La gente se ha acostumbrado a recibir algo atractivo, a qué le debemos dar algo que valga la pena ir, y pues si quitamos las luces, el sonido y el programa, mucha gente dejaría de asistir. Cómo iglesia nos hemos vuelto dependientes de lo externo.
En la sencillez hay silencios donde Dios habla. En la complejidad hay movimiento constante para que nadie se "aburra". Hemos puesto tantas reglas que la gente siente que Dios está lejos o que la iglesia es un club exclusivo..
Así que la pregunta es ¿cómo sabemos que estamos viviendo en sencillez?
Necesitamos transparencia.
La sencillez de corazón significa que no tengo que pretender ser alguien que no soy cuando estoy con mis hermanos. En la primera iglesia, al reunirse en casas, no había "ropas de domingo" ni fachadas religiosas. Nuevamente aclaro que eso no es malo, pero es malo cuando eso es lo único que importa. Creo que también no está bien que me arregle para salir pero para ir a la iglesia no le de mucha importancia a mi imagen.
Sencillez es la capacidad de ser honesto sobre nuestras debilidades. No somos personas perfectas, la iglesia siempre ha sido para pecadores necesitados de gracia, no para santos perfectos que presumen santidad.
Otra clave es la gratitud.
Una persona sencilla se asombra por lo básico, por una reunión sencilla. No necesita un evento masivo para sentir a Dios; le basta un momento casual con los hermanos, un pedazo de pan, un poco de vino y la Palabra.
Si nuestra alegría depende de que el servicio sea "divertido" o "emocionante", no somos sencillos, somos consumidores.
Sobre todo, algo que he venido diciendo es que la sencillez hace que la iglesia sea fácil de entender para el que no conoce a Dios. Cuando la iglesia es simple, es contagiosa porque se ve real.
Un lenguaje y una actitud que invitan a las personas a ser parte. La iglesia primitiva crecía porque "tenían favor con todo el pueblo". No eran extraños, eran vecinos que amaban de forma natural.
Finalmente. La iglesia primitiva no sobrevivió por sus grandes edificios ni por sus estrategias de crecimiento; sobrevivió porque eran un solo cuerpo unido por un solo sacrificio.
Hoy, te invito a despojarte de la complejidad. Olvida por un momento todo el protocolo, olvida también el reloj y olvida las formas. Volvamos a lo básico: a la dedicación que no se cansa, a la comunión que no te deja caminar solo y a la sencillez que nos permite ver a Jesús.
No estamos aquí porque asistimos a un even
to; estamos aquí porque vamos a sentarnos a disfrutar de nuestro Amado Padre.






No hay comentarios:
coméntanos si te ha sido de utilidad esta publicación,