Improvisando

Comenzamos un nuevo año, y mientras oraba y pensaba en todo lo que vivimos el año pasado, sentí muy claro que el Señor me estaba llevando a empezar este año con algo que aprendí el año pasado.
Por mucho tiempo he enseñado que un año nuevo siempre tiene una palabra distinta, una dirección diferente al año anterior, pero en esta ocasión siento que Dios me está invitando a entender mejor algo que ya venía hablándome, algo que necesita madurar en mí.
Hay una palabra que resonó en mi corazón en estos últimos días: “promesas”. Y también he compartido el tema del año en un solo día, que es el día de las primicias, pero el Señor me ha movido a compartir la esencia de este año en el mes.
Por eso, el tema de las primicias lo vamos a ir viviendo a lo largo del mes. Dios me hablaba de promesas y de alguna manera le pregunté: promesas de Él o promesas de nosotros. Así que cuando pensé en promesas vino a mi mente una figura significativa que representa ese acto, y fueron los altares.
Porque en la Biblia, los altares siempre estuvieron ligados a encuentros con Dios, a momentos clave, a decisiones importantes, a inicios, a transiciones… a promesas, tanto de hombres como de Dios.
Por eso este mes he llamado a la serie “Altares”.
Y quiero comenzar con un altar que creo que es muy significativo para iniciar un año. Un altar que no nace desde la abundancia, ni desde la estabilidad, ni desde la claridad… sino que nace desde la necesidad, desde el cansancio, desde la incertidumbre.
Porque si somos honestos, muchos comenzamos el año con ilusión, pero también con pocos recursos.
A veces con pocas fuerzas.
A veces con más preguntas que respuestas.
A veces sin un plan claro.
Enero suele ser así. No siempre sabemos cómo empezar. No siempre tenemos todo lo que quisiéramos para arrancar.
Y aquí está la clave del mensaje de hoy:
No importa cómo llegas a este año. Tú puedes comenzar.
Puedes comenzar con lo que tienes.
Puedes comenzar con lo que puedes.
Puedes comenzar con lo que está a tu alcance.
Y de eso se trata esta serie.
Por eso el tema de hoy lo he llamado “Improvisando”. Y nuestra historia de hoy se centra en Jacob, quien levantó el altar menos llamativo, pero que tuvo un poder muy grande en su vida.
Comenzando en ceros
GÉNESIS 28:10-11 RVR1960
[10] Salió, pues, Jacob de Beerseba, y fue a Harán. [11] Y llegó a un cierto lugar, y durmió allí, porque ya el sol se había puesto; y tomó de las piedras de aquel paraje y puso a su cabecera, y se acostó en aquel lugar.
Comenzamos con Jacob. Jacob es ese personaje que representa historias de superación y crecimiento. Su padre y su abuelo fueron bendecidos, y cualquiera diría que Jacob fue bendecido por ellos, pero no fue así. Jacob tuvo que empezar desde abajo, desde cero, y ese es el punto de la historia: la clave en la vida de Jacob para triunfar desde cero.
Jacob viene huyendo de su hermano, sin recursos, solo, sin un plan, sin nada preparado.
Y a veces nuestra vida es parecida a la de él. Venimos escapando de una crisis; la crisis no se ha terminado, sigue activa, pero estamos tratando de alejarnos lo más que podamos de ella. A veces nos sentimos solos: no hay compañía, no hay respaldo, no hay amigos, o a veces, aunque los hubiera, hay cargas que solo podemos llevar nosotros porque sentimos que los demás no las entenderían. También vamos avanzando sin un plan, sin una estrategia, sin algo claro por delante.
La noche agarró a Jacob en el camino. Y se durmió. Y esta parte me encanta: es uno de esos momentos en los que no hay un mover espiritual, no hay oración, no hay una búsqueda; solo es Jacob siendo un humano cansado y durmiendo. Y ahí se le presentó Dios.
Y así es como muchas veces Dios hace su mejor entrada en nuestras vidas: en lo cotidiano, en lo inesperado, cuando menos lo esperamos, cuando pesa el cansancio, cuando estamos desorientados.
Piense: cuando Dios se mostró a muchos hombres, no fue en el templo ni en un momento de devoción (no digo que eso no sea importante), sino que fue en la vida cotidiana. Moisés en el desierto con la zarza ardiente, Gedeón mientras limpiaba el trigo, María en su casa, Jacob mientras dormía. Es decir, a veces Dios llega a tu vida en el momento menos esperado, pero sí en el más importante.
El Dios de las promesas
GÉNESIS 28:12-15 RVR1960
[12] Y soñó: y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella. [13] Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. [14] Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente. [15] He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho.
Mire con cuánto amor Dios quiere darle paz a Jacob. Tal vez no lleva nada, pero lleva lo más importante: la compañía de Dios.
Muchas veces me he sentido cansado, o triste, o solo, pero en ocasiones así Dios ha venido y me ha animado. Creo que es la forma más clara de cuando el salmista expresa confortará mi alma.
Y es aquí donde Dios habla su promesa hacia Jacob. Y esta parte me revela cómo es el corazón de Dios para sus hijos. Dios hace promesas porque siempre será iniciativa de Él, no de nosotros. Cuando no le conocíamos, ya Dios tenía promesas para nosotros.
Las promesas no se ganan, no es algo que provocamos; es algo que ya existe. No es un pago por nuestro esfuerzo o buenas obras, es por pura gracia. Y algo muy poderoso es que Dios conoce tu futuro y se anticipa a lo que enfrentarás, y quiere que camines confiando en Él a pesar de que el camino no sea fácil.
Pero hay una promesa de respaldo. Hay algunas cosas claves que Dios quiere que él tenga presente.
La primera es presencia. Génesis 28:15. Dios sabe que Jacob se siente solo, no tiene casa, no tiene a su familia, pero Dios le está diciendo que estará con él. Esa es la promesa más importante que Dios puede hacer.
David dijo: no me eches y no me quites tu Santo Espíritu. Puedo perder todo, pero menos tu presencia. Moisés dijo: si no vas con nosotros, no nos saques.
Si algo quiero este año es su presencia.
Lo segundo que le promete es cuidado. Dios quiere darle seguridad, pues no sabe a lo que se enfrentará. Está solo en el camino, hay peligro, tiene un conflicto con su hermano no resuelto.
Le dice: por dondequiera que vayas. Su cuidado no está condicionado a un lugar, no dependía de estar en casa de su padre, sino de la gracia y bendición de Dios.
Lo tercero que hace me resulta muy poderoso: cómo es que Dios le promete la tierra en la que está acostado.
Quiero que vean esto como lo veo yo. Dios te ve en tu momento de más angustia, en tu momento de ceros. Tus ojos ven lo que es imposible en ese momento, pero Él te da una palabra que te inspira, porque la realidad que vives hoy no será la misma cuando la promesa de Dios se cumpla en tu vida.
No te dejes engañar por lo que ves con tus ojos; mira con los ojos de Dios.
Jacob ve algo impensable, Dios ve lo que puede hacer en su vida. Abre los ojos de la fe para que Dios te muestre.
Otra cosa significativa es cómo Dios le promete una tierra que no estaba en su plan. Solo era parte del camino, solo era transitorio, no se iba a establecer ahí. Y esa es una lección que me habla: a veces hay cosas que van a pasar que no estaban en tu plan. A veces nos obligamos por seguir un plan, pero nos olvidamos que Dios tiene un plan aún más perfecto que el nuestro.
Y eso me lleva al último punto.
3. Es hora de improvisar
GÉNESIS 28:16-22 RVR1960
[16] Y despertó Jacob de su sueño, y dijo: Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía. [17] Y tuvo miedo, y dijo: ¡Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo. [18] Y se levantó Jacob de mañana, y tomó la piedra que había puesto de cabecera, y la alzó por señal, y derramó aceite encima de ella. [19] Y llamó el nombre de aquel lugar Bet-el, aunque Luz era el nombre de la ciudad primero. [20] E hizo Jacob voto, diciendo: Si fuere Dios conmigo, y me guardare en este viaje en que voy, y me diere pan para comer y vestido para vestir, [21] y si volviere en paz a casa de mi padre, Jehová será mi Dios. [22] Y esta piedra que he puesto por señal, será casa de Dios; y de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti.
Después de que Jacob recibe esta revelación, se despierta asombrado, y con mucha razón. Así que tiene que hacer algo que yo llamo improvisar.
Está en un lugar que no planeó, recibió una promesa que no imaginó, no tiene las cosas necesarias… y es hora de improvisar.
Toma una piedra y la unge, y ahora es él quien hace una promesa.
Muchas veces estaremos en puntos de nuestra vida en los que no era la vida que imaginamos, no era el lugar que pensamos, no era el trabajo planeado. Y Dios nos habla de algo muy diferente a lo que teníamos en mente. Pero si Dios habló, debemos tomar su palabra, y es hora de improvisar.
Toma lo que tienes a la mano.
Jacob usó una piedra y la ungió. No edificó un altar como debería; solo era una piedra. No tenía sacrificio que presentar. Era todo lo que tenía: una piedra y, entre sus cosas, un aceite. Y eso fue suficiente para tener presente la promesa de Dios y la promesa de él. Dios no espera que puedas; Él espera que estés dispuesto. Empieza con lo que tienes. Empieza hoy. Tal vez no tienes mucho, tal vez estás cansado, tal vez tu fe es pequeña, pero con solo un poco basta.
Y así es este mes: no mires lo que no tienes, mira lo que tienes y lo que Dios puede hacer. Tal vez hoy no te sientes fuerte. Tal vez no llegaste a este año con todo resuelto. Tal vez vienes cansado, herido, confundido, sin un plan claro. Pero quiero decirte algo: ese lugar donde hoy estás, ese lugar donde te detuviste, ese lugar donde incluso te sientes vulnerable… es el lugar donde Dios puede hablarte.
Jacob no estaba en un altar, no estaba en un templo, no estaba en una reunión espiritual.
Estaba cansado, durmiendo en el camino… y ahí Dios lo visitó.Así que no pienses que porque hoy no estás en tu mejor momento, Dios no puede hablarte.
A veces es precisamente ahí donde Dios más claramente se revela. Dios sabe que necesitamos recordar. Por eso Jacob ungió una piedra. No para que la piedra tuviera poder, sino para que él no olvidara la promesa.
Hoy quiero invitarte a hacer algo muy sencillo, pero muy significativo. Toma una piedra. No representa lo que tienes… representa que decides empezar con lo que hay. Cuando tengas la piedra en tu mano, piensa en dos cosas muy importantes: ¿Qué promesa estás creyendo que Dios tiene para ti? ¿Y qué le estás prometiendo tú a Dios este año? Tal vez no tienes claridad completa. Tal vez no tienes fuerza.
Tal vez no tienes respuestas. Pero hoy estás diciendo: “Dios, empiezo con esto.”
Y ora al Señor, así como Jacob ungió una piedra en medio del cansancio, hoy tu puedes entregar lo que tienes. No es mucho, pero es sincero. La piedra no tiene poder pero es un recordatorio continuo en este año de la promesa de Dios para ti y la promesa tuya para Dios. Y creemos que Dios es fiel para cumplir lo que promete.
Hoy no necesitas tenerlo todo para empezar, solo necesitas decidir empezar. Lo que hoy parece pequeño, mañana será un memorial de lo que Dios hizo. Este año no se trata de tener el plan perfecto.
Se trata de caminar con Dios, paso a paso. Se trata de confiar en sus promesas. Y cuando no sepas qué hacer… improvisa con fe.






Dios bendiga su vida y su ministerio y gracia sobre gracia vengan sobre usted, amen
ResponderEliminarGracias aprecio mucho esas palabras. Bendiciones para su vida también
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