El llamado de Gedeón


El llamado de Gedeón

Durante este mes he estado hablando sobre los altares y cómo estos han sido lugares de encuentro, en los que Dios ha hecho promesas y los hombres han hecho promesas a Dios. Así que quiero cerrar con una historia que tiene algunos puntos que me gustaría reforzar, porque creo que tiene elementos muy significativos. Esta vez quiero hablar de la historia de Gedeón.

Para el contexto, esta historia se da en la época de los jueces. Israel estaba enfrentando una dura crisis y era oprimido por el pueblo de Madián. En los primeros versículos del capítulo 6 de Jueces se nos dice que cada vez que había cosecha llegaban y los saqueaban, y así padecían hambre. Entonces Dios levantó un juez en aquel tiempo que los liberaría. De esta interesante historia encontramos las siguientes verdades.

  1.  El despertar de la identidad

“Y vino el ángel de Jehová, y se sentó debajo de la encina que está en Ofra, la cual era de Joás abiezerita; y su hijo Gedeón estaba sacudiendo el trigo en el lagar, para esconderlo de los madianitas. Y el ángel de Jehová se le apareció, y le dijo: Jehová está contigo, varón esforzado y valiente.”
Jueces 6:11–12

La historia de Gedeón nuevamente nos enseña que Dios no siempre llega cuando lo estamos buscando. Muchas veces Dios llega en lo cotidiano, en lo simple, en lo normal. Esto no significa que no debemos buscarlo, sino más bien que Él nos está buscando a nosotros constantemente. Dios le habla a todos.

Gedeón no estaba orando, no estaba en el templo, no estaba buscando un encuentro espiritual. Estaba trabajando; de hecho, estaba asustado, haciendo lo que podía con lo que tenía. Y es ahí, en medio de su rutina, que Dios se le apareció.

Dios habla en la vida diaria. Dios se manifiesta mientras vivimos nuestro día a día, aun cuando estamos cansados, confundidos o sin un plan claro. Tal vez este año comenzaste sin muchas fuerzas y sientes que Dios te ha abandonado, pero no es así. Dios muchas veces te visita en lo cotidiano.

Pero hay algo que llama la atención en esta historia. Creo que Gedeón estaba viviendo en modo supervivencia. Cuando está sacudiendo el trigo en el lagar, está haciendo algo en el lugar incorrecto. Normalmente el trigo se sacudía al aire, pero lo estaba haciendo escondido. El lagar era un área para pisar uvas y era cerrado. Las circunstancias lo habían llevado a cuidarse, a limitarse, a adaptarse.

El modo supervivencia le permitió seguir, pero no era el lugar donde debía quedarse. Y es ahí donde Dios aparece para despertarlo y sacarlo de ese modo.

Despertar no significa ignorar la realidad. Despertar significa que Dios quería que dejara de sobrevivir y comenzara a vivir con fe, que abriera los ojos y entendiera que hay algo más que solo resistir.

Muchos de nosotros hemos vivido así: sobreviviendo a la crisis, sobreviviendo al cansancio, sobreviviendo a la incertidumbre, sobreviviendo a la decepción. Nos adaptamos a lo que la vida supuestamente nos está dando. Nos acostumbramos al ritmo que nos marca la crisis. No peleamos, sino que sobrevivimos. Pero llega un momento en el que Dios tiene que venir a despertarnos.

Despertar para creer otra vez. Despertar para levantar la mirada. Despertar para volver a soñar. Y entonces Dios hace algo poderoso: le habla a Gedeón de su identidad.

“Y el ángel de Jehová se le apareció, y le dijo: Jehová está contigo, varón esforzado y valiente.”
Jueces 6:12

Dios no lo llama por lo que está haciendo, lo llama por lo que Él sabe que puede llegar a ser. Le dice: “Jehová está contigo, varón esforzado y valiente”. Y esto creo que es una de las cosas más especiales que Dios hace con nosotros: mira más allá de lo que nosotros mismos vemos.

Las circunstancias nos limitan, nos hacen creer que no es posible, pero Dios nos enseña que somos más capaces de lo que creemos y vemos en nosotros.

Gedeón se veía pequeño. Dios lo veía fuerte.
Gedeón se veía limitado. Dios lo veía Vencedor..

Es posible que hoy tú te sientas cansado, limitado o inseguro, pero Dios te ve de acuerdo a tu propósito, no a tu momento.

Dios no quiere que vivas este año solo resistiendo, no quiere que vivas sobreviviendo. Aprende a escuchar la voz de Dios y despierta. Porque cuando Dios habla, no solo te está hablando: te está despertando.



13 Y Gedeón le respondió: Ah, señor mío, si Jehová está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto? ¿Y dónde están todas sus maravillas, que nuestros padres nos han contado, diciendo: No nos sacó Jehová de Egipto? Y ahora Jehová nos ha desamparado, y nos ha entregado en mano de los madianitas. 14 Y mirándole Jehová, le dijo: Ve con esta tu fuerza, y salvarás a Israel de la mano de los madianitas. ¿No te envío yo? 15 Entonces le respondió: Ah, señor mío, ¿con qué salvaré yo a Israel? He aquí que mi familia es pobre en Manasés, y yo el menor en la casa de mi padre. 16 Jehová le dijo: Ciertamente yo estaré contigo, y derrotarás a los madianitas como a un solo hombre. Jueces 6.11-16


II. La respuesta a la presencia

17 Y él respondió: Yo te ruego que si he hallado gracia delante de ti, me des señal de que tú has hablado conmigo. Te ruego que no te vayas de aquí hasta que vuelva a ti, y saque mi ofrenda y la ponga delante de ti. Y él respondió: Yo esperaré hasta que vuelvas.

19 Y entrando Gedeón, preparó un cabrito, y panes sin levadura de un efa de harina; y puso la carne en un canastillo, y el caldo en una olla, y sacándolo se lo presentó debajo de aquella encina. 20 Entonces el ángel de Dios le dijo: Toma la carne y los panes sin levadura, y ponlos sobre esta peña, y vierte el caldo. Y él lo hizo así. 21 Y extendiendo el ángel de Jehová el báculo que tenía en su mano, tocó con la punta la carne y los panes sin levadura; y subió fuego de la peña, el cual consumió la carne y los panes sin levadura. Y el ángel de Jehová desapareció de su vista. Jueces 6:17-21


Gedeón entiende algo que muchos no logran ver: no todos los tiempos son iguales. Hay instantes en los que Dios se acerca de una manera especial, y cuando eso sucede, el corazón lo siente. Por eso Gedeón dice: “No te vayas de aquí”. Me encanta imaginar ese momento; él sabe que no es cualquier cosa. Ese no es un encuentro común, algo sobrenatural está rompiendo con su rutina. Hay momentos que no se repiten, y cuando Dios habla, algo en tu interior lo sabe.

Lo más interesante es que Dios no le pide nada, pero Gedeón decide ofrecer algo. La ofrenda no es por una orden, sino una respuesta. No es un intento de comprar un milagro ni de negociar con Dios; es una reacción natural ante la presencia. Cuando alguien reconoce que Dios está ahí, algo dentro de él dice: no puedo quedarme igual, necesito responder. Y esto es lo que pocos logran entender: creen que la ofrenda es una especie de pago, o de ayuda o carga, cuando en realidad es un acto de fe y de adoración. Dar para ayudar a un necesitado se llama caridad. Dar a Dios es adoración. Las personas dicen no des en la iglesia daño en la calle, pero eso es quitar la adoración a Dios. Un buen cristiano sabe dar en los dos lugares.

Esa ofrenda se convierte en una manera de sellar el momento. Gedeón cree, pero no quiere que ese encuentro se pierda. Quiere marcarlo, quiere convertirlo en un memorial. La fe que no se expresa con el tiempo tiende a olvidarse, pero la fe que se convierte en acción se convierte en una memoria. No se trata de actos que cambien a Dios, pero sí nos cambian a nosotros.

Y otra cosa interesante es la respuesta de Dios: “Yo esperaré”. Dios no se incomoda, no corrige, no apresura. Acepta el deseo del corazón de Gedeón. Dios honra las intenciones sinceras; Dios ama los gestos, aunque los hagamos improvisados.

A veces no tenemos palabras, a veces no tenemos estructura, pero hacemos algo: un gesto, una ofrenda, un acto simbólico. No porque Dios lo necesite o lo esté pidiendo, sino porque nuestro corazón necesita responder a su presencia. A veces no tenemos todo claro, pero sabemos que no podemos dejar pasar el momento sin hacer algo.

III.  La maduración por procesos 

“Viendo entonces Gedeón que era el ángel de Jehová, dijo: Ah, Señor Jehová, que he visto al ángel de Jehová cara a cara. Pero Jehová le dijo: Paz a ti; no tengas temor, no morirás. Y edificó allí Gedeón altar a Jehová, y lo llamó Jehová-shalom; el cual permanece hasta hoy en Ofra de los abiezeritas.”
Jueces 6:22–24

Hay algo que me llamó mucho la atención de esta historia, y fueron los tres altares de Gedeón. Primero fue una peña, después un altar, y después fue destruir los altares paganos y levantar un altar a Dios. Esto me hace pensar que Dios no siempre nos lleva directamente al destino; muchas veces nos lleva por procesos.

Gedeón no empezó derribando altares. No empezó siendo valiente. No empezó como líder. Empezó improvisando. Empezó en una peña, con lo que tenía a la mano.

Primero, la peña. Un momento improvisado. Un encuentro inesperado. Una ofrenda sencilla. Ahí Dios se reveló. Ahí Dios confirmó que estaba hablando. Porque antes de pedirte algo, Dios quiere que sepas que es Él. Muchos quieren hacer grandes cosas para Dios, pero todavía no han tenido un encuentro que marque sus vidas profundamente.

Después vino el altar de Jehová-shalom. Este fue otro nivel. Es el altar que le dio paz y seguridad sobre el futuro. Fue el altar donde Gedeón entendió que no iba a morir porque Dios estaba con él. Antes de enviarte a la batalla, Dios quiere darte paz y seguridad. Antes de enfrentarte al conflicto, Dios quiere que sepas quién eres y con quién estás caminando. No puedes pelear bien si primero no descansas en Dios.

“Aconteció que la misma noche le dijo Jehová: Toma un toro del hato de tu padre, el segundo toro de siete años, y derriba el altar de Baal que tu padre tiene, y corta también la imagen de Asera que está junto a él; y edifica altar a Jehová tu Dios en la cumbre de este peñasco en lugar conveniente; y tomando el segundo toro, sacrifícalo en holocausto con la madera de la imagen de Asera que habrás cortado.”
Jueces 6:25–26

Y solo entonces vino el tercer altar, el más difícil, el gran desafío, lo que marcaría la vida de Gedeón. El altar donde Dios le dijo: “Ahora derriba lo que no es mío”. Ahí ya no fue emoción de Gedeón, sino un llamado de Dios. Ahí fue obediencia. Ahí fue decisión.

Dios no le pidió ese altar al Gedeón inseguro del lagar. Se lo pidió al Gedeón que ya había visto fuego en la ofrenda, al Gedeón que ya tenía seguridad. Y aquí está la enseñanza para nosotros: este año, tal vez Dios te va a llevar por procesos.

Primero necesitas tu encuentro con Dios. Después necesitas la paz que te afirma, la que te recuerda que Dios está contigo, que te acompañará, que te ha llamado. Y después viene el desafío: si estás dispuesto a algo más grande, si te atreves a obedecer lo que Dios te va a pedir. No puedes llegar aquí si no has tenido tu encuentro con Él.

Y si hoy sientes que no tienes todo, si sientes que estás improvisando, si solo tienes una piedra, una peña, una pequeña ofrenda, eso es suficiente para empezar. Porque Dios no espera que puedas; Dios espera que estés dispuesto.

Hoy Dios sigue apareciendo en medio de lo común para recordarnos que nuestra historia no se define por la escasez, ni por el miedo, ni por lo que parece pequeño. Se define por Su gracia y su presencia. Y cuando Él está, el puede cambiarlo todo, lo improvisado se vuelve sagrado, incluso lo debil  se vuelve fuerte.

No ignores esos momentos en los que algo dentro de ti te dice que algo está pasando. No dejes pasar la voz que te llama y te habla de una forma que no te habías visto antes. No postergues la respuesta pensando que aún no estás listo. Dios no busca que tengas todo resuelto, solo está buscando que estés disponible.

Quizá hoy no puedas ver como terminará el año, pero sí puedes dar el siguiente paso. Y a veces eso es todo lo que se necesita, ir creciendo en el proceso, para que Dios comience a transformar tu vida ordinaria en un testimonio extraordinario. 


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