Amor que alivia el dolor
Esta serie de febrero es una de mis favoritas, pero también me pone a prueba. A veces es difícil hablar de las parejas de la Biblia porque vivieron hace miles de años en culturas muy distintas a la nuestra. Si nos quedamos solo en lo de afuera, parece que sus historias ya no encajan hoy.
Por eso, lo que más me gusta es meterme a fondo en la vida de estos personajes. Porque aunque son antiguos, sus necesidades y sus sentimientos son los mismos que los nuestros.
Este mes quiero hablarles de algo que creo que pocos han entendido de verdad: que el amor es una necesidad vital para el ser humano. Mucha gente se relaciona por puro instinto, o por inercia, pero yo creo que las relaciones deben ser más por entendimiento. Hay que aprender a amar con el corazón, sí, pero también con la cabeza. No es solo que alguien nos guste, es entender cómo funciona el otro. El amor es tan necesario como el aire para vivir. Y creo que mucha gente no logra ser feliz del todo porque no ha aprendido ni a dar amor, ni lo que es más difícil a veces a dejarse amar.
El amor es vital para nuestras vidas y tiene un poder sanador increíble. Dicen que no se vive de amor, pero la realidad es que es mucho más difícil sobrevivir a las tormentas de la vida cuando estamos carecemos de amor. El amor no nos quita los problemas, pero nos da la fuerza necesaria para no rendirnos.
Se dice que el emperador Federico II quiso descubrir cuál era el "lenguaje natural" de los seres humanos (si era el hebreo, el griego o el latín).
Así que ordenó que un grupo de bebés fuera cuidado por enfermeras que tenían prohibido hablarles, arrullarlos o tocarlos más allá de lo estrictamente necesario para alimentarlos y bañarlos. El experimento fracasó porque todos los bebés murieron. No llegaron a hablar ningún idioma porque fallecieron antes por la falta de contacto y afecto.
Se dice que un bebé que recibe comida pero no recibe afecto ni contacto físico puede morir de algo llamado "marasmo" o fracaso de medro. Es increíble pero el cerebro interpreta la soledad emocional y el aislamiento como dolor físico. También se dice que cuando alguien sufre por falta de amor, las mismas áreas del cerebro que registran una quemadura se encienden ante el rechazo. Entonces así como el amor da vida, la falta de amor acaba.
Así que quiero hablar de una historia que nos muestra como el amor puede sanar. Y es la historia de Isaac y Rebeca.
PROCESANDO EL VACÍO
Génesis 24:63 (NVI)
“Una tarde, Isaac salió a dar un paseo por el campo. De pronto, al levantar la vista, vio que se acercaban unos camellos.”
En el capítulo 23 se nos dice que Sara había muerto. Más adelante veremos por qué es claro que esta pérdida marcó profundamente a Isaac; habían pasado alrededor de tres años, y el contexto nos permite entender que el dolor por la muerte de su madre seguía presente. Esto me da un motivo para interpretar que Isaac estaba atravesando un proceso de duelo emocional.
Y tal vez podamos percibir algo de ese estado interior cuando la Biblia nos dice que Isaac caminaba en el campo y meditaba. Mire un momento esta escena: Isaac camina por el campo cuando la tarde ya va declinando, cuando la luz comienza a bajar, cuando el día se va cerrando. El texto no dice que Isaac estuviera orando ni meditando en la Palabra. Él está meditando dentro de sí. El término hebreo utilizado describe una reflexión interior, un diálogo silencioso consigo mismo, alguien procesando lo que lleva dentro. Cómo alguien atrapado en su propio mundo.
Imagine la escena que la biblia nos está dando: un hombre solo, caminando despacio, en el atardecer, con la mirada caída, con pensamientos profundos, acompañado únicamente por el paisaje y el silencio. Sin duda es una escena con un aire nostálgico,
Pero justo en ese momento ocurre algo que cambiaría la vida de Isaac. El texto dice que alzó sus ojos y vio que se acercaban unos camellos.
Aquí quiero mencionar y aplicar algo que me resulta interesante, y que puedo imaginar por un momento que Isaac estaba viviendo y es lo que muchas veces hemos descrito como mirada perdida o mirada vacía. ¿Alguna vez le ha pasado o ha visto a alguien así con la mirada vacía? Y es que en estudios se descubrió que niños que sufren de falta de afecto muestran esto como un síntoma. Es como si se entrara en un modo de ahorro de energía, al no recibir respuesta emocional de nadie, digamos que el cerebro apaga el sistema de busqueda social. Cómo no espera nada de nadie, aprende a no buscar con la mirada deja de buscar rostros para recibir atención y comienza a mirar al vacío. Y este podría ser el caso de Isaac hasta ese día que alzó sus ojos.
Y eso es lo que a veces pasa cuando hay una señal que nos despierta. Como si algo dentro de nosotros dijera: mira, pon atención aquí. Como si, en medio del cansancio y la introspección, algo nuevo comenzara a asomarse en nuestras vidas.
CONECTANDO MIRADAS
Génesis 24:64-65 (NVI)
«También Rebeca levantó la vista y, al ver a Isaac, se bajó del camello. Luego preguntó al criado: —¿Quién es ese hombre que viene por el campo a nuestro encuentro? —Es mi amo —contestó el criado. Entonces ella tomó el velo y se cubrió».
Sin duda, Rebeca es una joya en la historia de Isaac. Desde la forma en que el criado de Abraham la conoce, ya se nos muestra el carácter noble y atento que posee, y aquí, nuevamente, no es la excepción.
En primer lugar, vemos que ella también levanta la vista. Siguiendo el cuadro que observamos hace un momento con Isaac alzando sus ojos, el hecho de que ella también alce su mirada crea un encuentro muy particular. Es una forma de reciprocidad; es decir, ella no desvió la vista ni ignoró a Isaac, sino que hubo esa primera conexión entre ellos.
Lo segundo que me llama la atención es su accesibilidad: ella se baja del camello. Se pone a su nivel. Aunque ambos alzan los ojos, sus contextos muestran comportamientos diferentes: él está en un «modo de ahorro de energía», mientras que ella está en un «modo activo». Rebeca no se queda montada; se baja, observa con atención, pregunta con curiosidad y se dispone para el encuentro.
Lo tercero es su reacción al saber que él es el amo. Se cubre con su velo; este es el gesto de una mujer que quiere verse bien, pues va a encontrarse con el hombre que será su esposo. Mientras no sabía quién era él, no importaba; ahora que lo sabe, cuida el detalle y se arregla. Quiere lograr una buena impresión.
Este encuentro de miradas nos enseña que el amor consciente no es un accidente, es una decisión. Isaac alzó la vista para dejar su pasado, y Rebeca bajó del camello para entrar en su presente
ENCONTRANDO CONSUELO
Génesis 24:66-67 (NVI)
«El criado contó a Isaac todo lo que había hecho. Luego Isaac llevó a Rebeca a la tienda de campaña de Sara, su madre, y la tomó por esposa. Isaac amó a Rebeca, y así se consoló de la muerte de su madre».
Esta historia es fascinante por la forma en que concluye. El criado le relata a Isaac todo lo que había sucedido; sin duda, aquí entra la famosa historia de cómo oró a Dios para que lo dirigiera en la elección de Rebeca. Esto le dio un valor inmenso a ella, al ser presentada como una mujer noble y atenta, no solo con el criado, sino incluso con los camellos. Esta referencia le confirma a Isaac que su llegada no fue un accidente, sino que está dentro del plan divino.
Isaac lleva a Rebeca a la tienda de su madre. Este detalle es muy interesante: Sara lleva tres años muerta, pero se sigue haciendo referencia a la tienda con su nombre. Esto indica que su ausencia seguía siendo una presencia constante en el duelo de Isaac; la herida seguía abierta.
Aquí vemos un proceso descrito por el orden de los verbos, el cual es fundamental: la tomó, la amó y se consoló. Esto nos revela verdades esenciales:
La tomó: Significa que asumió el compromiso. Fue un acto de su conciencia, una decisión firme.
La amó: Esto es clave porque, en la actualidad, el orden suele invertirse: primero se "siente" amor y luego viene el compromiso. Pero no es lo mismo casarte con la persona que amas, que decidir amar a la persona con la que te casas. Lo primero es una emoción; lo segundo es amor verdadero y consciente.
Se consoló: Este fue el fruto del proceso. Es vital entender que Rebeca no "sana" a Isaac, pues no podemos ponerla en el papel de salvadora ni de reemplazo para Sara. La Biblia dice que él fue consolado, no que ella lo consolidó. Ella fue la compañera y el vínculo necesario para que el consuelo ocurriera. Las personas no nos sanan por sí mismas, pero su cercanía, su acompañamiento y el amor que fluye a través de ellas son esenciales para aliviar el dolor que estamos viviendo.
La historia de Isaac y Rebeca nos enseña una verdad divina que el mundo a veces ha olvidado: nadie está diseñado para cargar el peso de la vida en soledad.
Con mucha razón dijo: No es bueno que el hombre esté solo.
Dios pudo haber sanado a Isaac con un milagro solitario en el desierto, pero decidió hacerlo a través de una persona de un rostro, de una mirada y de una mano extendida.
Nadie es débil por anhelar que alguien lo vea, lo entienda y se baje del camello para este a su nivel. Al contrario, reconocer que el amor es vital es el acto más inteligente que nuestro cerebro y nuestro corazón pueden hacer.
La sanidad no llega cuando tratamos de ser fuertes solos, sino cuando somos lo suficientemente valientes para alzar los ojos, abrir la tienda de nuestro corazón y dejar que alguien nos acompañe.







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