La conversión de Saulo
¿Sabes qué es un testigo? Un testigo es alguien que estuvo presente en alguna situación y que se le pregunta a él porque vio lo que pasó. Por ejemplo, cuando hay un choque de autos y nadie sabe quién es el responsable, hay testigos que dicen: “Este venía muy rápido”.
Si a ti te preguntan sobre una pelota que desapareció, no puedes decir nada porque no fuiste testigo y no puedes mentir porque no sabes. Pero si tú viste quién la tomó, entonces eres testigo y, al decirlo, estás testificando.
Lo mismo sucede cuando hablamos de Dios. Cuando contamos nuestro testimonio, no es algo que nos dijeron o que dijo el pastor, sino algo que nosotros mismos vimos, nosotros mismos escuchamos o estuvimos presentes. Fuimos testigos y contamos nuestro testimonio.
Hoy vamos a aprender cómo hacer nuestro propio testimonio de haber creído en Cristo, y lo vamos a aprender con la historia de la conversión de Pablo.
Primero: Tu antes de Cristo
Hechos 9:1-2
Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote, y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén.
El apóstol Pablo, antes de ser conocido así, se llamaba Saulo. Antes de ser cristiano, no quería a los cristianos; los perseguía y los metía a la cárcel. ¿Puedes creerlo? Lo peor es que él estaba seguro de que estaba haciendo lo correcto. Estaba convencido de estar bien, incluso de hacer lo que Dios mandaba, pero no conocía a Cristo.
Así comienza un testimonio: con nuestra vida antes de conocer a Cristo. Creemos que estamos bien, vivimos haciendo cosas malas, pero no nos importa. Y te voy a decir algo más: tal vez, como Pablo, vamos a la iglesia y decimos que creemos en Dios, pero seguimos haciendo cosas que no están bien porque no hemos conocido a Cristo.
Segundo: Tu encuentro con Cristo
Hechos 9:3-5
Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón.
Cuando Pablo iba rumbo a Damasco para capturar a más cristianos, de repente la Biblia dice que una luz resplandeció y lo hizo caer al suelo, y Cristo le habló por su nombre. Pablo estaba sorprendido de que el Cristo que tanto predicaban aquellos que él perseguía fuera real. Y ese día creyó en Él. Ya no era lo que le habían contado; ahora él era testigo de que Cristo era real.
Todos tenemos un encuentro con Cristo. Tal vez no de la forma que Pablo lo tuvo, pero sí hay un día en el que Jesús te habla. Ese día ya no crees porque tus papás te llevan a la iglesia, sino porque tú realmente crees en Él. Ese día te das cuenta de que lo que hacías no estaba bien y quieres ser una buena persona, pero más que eso, quieres ser un seguidor de Cristo.
Tercero: Tu cambio
Hechos 9:17-20
Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo. Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista; y levantándose, fue bautizado. Y habiendo tomado alimento, recobró fuerzas. Y estuvo Saulo por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco. [20] En seguida predicaba a Cristo en las sinagogas, diciendo que este era el Hijo de Dios.
Después de ese encuentro, la Biblia dice que Pablo quedó ciego y Dios envió a un hombre llamado Ananías, quien oró por él. Además, fue bautizado, y dice la Biblia que enseguida predicaba a Cristo. ¿Puedes creerlo?
El hombre que perseguía cristianos ahora era uno de ellos. Por eso decimos que alguien se convirtió, porque antes era una cosa y después es otra; es decir, se convirtió en una nueva persona, en un cristiano.
Cuando tú decides creer, cambias. Todo lo que hacías mal lo dejas de hacer y ahora haces cosas buenas. Por ejemplo, si antes decías groserías, ahora dices palabras buenas a los demás; si antes tomabas algo que no era tuyo, ahora ya no lo haces, al contrario, quieres dar a los demás; si antes te enojabas y gritabas, ahora te controlas y cuidas tu forma de hablar.
Conclusión. Así que tu testimonio tiene tres cosas: cómo eras antes, cómo fue que conociste a Cristo y cómo eres ahora. Tal vez pienses: “Pero yo soy niño, ¿yo puedo tener un testimonio?” La respuesta es sí. No importa la edad, lo que importa es que Jesús haya hecho algo en tu vida.
Tu testimonio no tiene que ser largo ni complicado. No necesitas palabras difíciles. Solo necesitas decir la verdad de lo que Jesús hizo contigo.
Cuando cuentas tu testimonio: Estás diciendo lo que viste. Estás diciendo lo que viviste. Estás diciendo lo que Dios hizo en ti.
Y así como Pablo contó lo que Jesús hizo en su vida, tú también puedes hacerlo. Si puedes contar esas tres cosas —tu antes, tu encuentro con Cristo y tu ahora— entonces tú tienes un testimonio, y Dios puede usarlo para bendecir a otros.
Oración modelo. Señor Jesús, gracias porque Tú nos amas y porque un día también hablaste a nuestro corazón. Gracias porque cambias vidas, así como cambiaste la vida de Pablo. Ayúdame a recordar cómo era antes, a seguirte con todo mi corazón y a vivir como alguien que te ama. Gracias por lo que Tú has hecho en mí. Quiero que mi vida sea un testimonio para que otros conozcan de Ti. Amén.
Llamado a la acción: Esta semana pondremos en práctica nuestro testimonio
Paso 1: Recuerda tu “antes”
Piensa: ¿Qué cosa no hacías bien antes? ¿Qué ha cambiado desde que conoces a Jesús? (No tienes que decirlo en voz alta, solo pensarlo).
Paso 2: Vive como alguien que sigue a Jesús
Durante la semana intenta hacer al menos una de estas cosas cada día:
-Decir palabras buenas y no groserías
-Obedecer a tus papás sin quejarte
-Ayudar a alguien sin que te lo pidan
-Decir la verdad, aunque cueste
Paso 3: Cuenta algo que Jesús ha hecho en ti
Antes de que termine la semana: Cuéntale a alguien (mamá, papá, un amigo o un familiar) algo bueno que Jesús ha hecho en tu vida o algo que estás aprendiendo de Él.
Eso es dar tu testimonio.
Juego. El Gran Cambio de Saulo
Antes de empezar:
Delimita el campo: Usa cinta en el piso o puntos de referencia (columnas, sillas) para que nadie se salga del área.
Prepara el material: Un pañuelo que no transparente y un silbato o campana.
Etapa 1: El Perseguidor (Saulo ve, pero no entiende)
Instrucción para los niños: "Saulo cree que los cristianos están equivocados y quiere detenerlos".
Inicio: Saulo se coloca en el centro. Los demás niños se dispersan.
Regla de captura: Saulo debe correr y tocar a los niños en el hombro.
La "Cárcel": Niño que sea tocado debe sentarse en una zona llamada "Jerusalén".
Final de etapa: El maestro cuenta hasta 30 o espera a que Saulo atrape a 5 niños. Entonces el maestro grita: "¡ALTO! ¡UNA LUZ BRILLA!". Todos deben quedarse como estatuas.
Etapa 2: El Encuentro (Saulo no ve, pero aprende)
Instrucción para los niños: "Saulo ha caído y ahora necesita ayuda para ser sanado".
La Venda: El maestro le pone la venda a Saulo. Los niños que estaban en la "cárcel" regresan al juego pero se quedan quietos.
El Silencio: Todos los niños deben estar en total silencio. Solo pueden hacer un sonido suave (como un aplauso lento) para que Saulo se oriente.
La Búsqueda: Saulo debe caminar con los brazos extendidos buscando a un niño.
La Sanación: En cuanto Saulo toque a cualquier niño, ese niño se convierte en Ananías.
Diálogo clave: Ananías debe poner sus manos sobre los hombros de Saulo y decir: "¡Saulo, recupera la vista!". En ese momento, el maestro le quita la venda.
Etapa 3: El Misionero (Saulo ve y une a todos)
Instrucción para los niños: "Ahora Saulo se llama Pablo y su misión es invitar a todos a seguir a Jesús".
La Cadena Humana: Pablo (Saulo) corre a tocar a un niño.
Unión: El niño tocado debe darle la mano a Pablo. Ahora los dos corren juntos (sin soltarse) para tocar a un tercero.
El Crecimiento: Cada niño nuevo que toquen se une a la fila dándose la mano.
Victoria: El juego termina cuando todos los niños forman una sola cadena larga y unida. Pablo ha "alcanzado a todos para Cristo".
Reglas de Oro (Instrucciones de seguridad)
Prohibido empujar: Los toques deben ser suaves en el hombro.
Velocidad controlada: En la Etapa 3, la cadena debe correr junta; si alguien se suelta, la cadena debe detenerse para volverse a unir antes de seguir.
Respeto al vendado: Nadie puede ponerle zancadillas o asustar al niño que tiene los ojos vendados.
Sugerencia de cierre
Al terminar la cadena, haz que todos se sienten en círculo sin soltarse de las manos y diles: "Al principio Saulo separaba a los amigos, pero al final, el amor de Dios hizo que todos estuviéramos unidos".
HOJA DE TRABAJO PARA NIÑOS PEQUEÑOS
HOJA DE TRABAJO PARA NIÑOS MEDIANOS













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