Evangelio de Algoritmo
Evangelio de Algoritmo
Básicamente, si yo hoy quisiera escuchar a alguien que me diga que lo que estoy haciendo está bien, aunque la Biblia diga lo contrario, o si busco a alguien que me dé la razón, les aseguro que lo voy a encontrar en un video o en un podcast. Estamos a un clic de distancia de encontrar a alguien que nos diga exactamente lo que queremos oír. Y creo que eso es muy riesgoso para quienes son débiles en la fe; y pues estamos en el tiempo donde la gente busca “fábulas”, historias bonitas o teorías raras, y se olvidan por completo de las doctrinas importante.
Es preocupante porque, al final, hoy se habla de absolutamente todo en las redes y en los púlpitos, pero se habla muy poco de lo que realmente edifica y transforma la iglesia. Nos llenamos la cabeza con contenido que nos entretiene o nos hace sentir bien, pero dejamos de lado la verdad que nos transforma.
Y es que, si lo pensamos bien, esa necesidad que hoy hay de buscar solo lo que gusta es lo que nos ha llevado a confundir el camino; por eso, es urgente hablemos sobre tres realidades que hoy tenemos que crean confusión y que necesitamos analizar para no seguir perdiendo el rumbo.
1. La tradición se vuelve un estorbo cuando se pone por encima de la Palabra
Como les mencioné hace poco, a veces nos enfocamos tanto en las señales externas que no nos damos cuenta de lo que está pasando adentro de nuestras propias iglesias. El primer problema que tenemos que entender es cómo la tradición en algún momento ha llegado a desplazar a la Palabra de Dios. Debo aclarar que las tradiciones en sí mismas no son malas; son formas de organización, costumbres o estilos que nos ayudan a tener un orden. El problema real, y donde esto se vuelve un estorbo, es cuando se le da mas importancia a esas costumbres como si fueran de mandamientos de Dios.
En Marcos 7. Jesús les decía en su cara: "Ustedes invalidan la palabra de Dios para guardar su tradición". Piense en esto: ellos estaban tan obsesionados con el ritual de lavarse las manos o con reglas de hombres, que se olvidaron de lo más importante, que era el corazón y la justicia. Y hoy nos pasa igual. Nos peleamos por la música. Por como visten las personas, o por la duración de un servicio. Por si el predicador dijo tantos amén. Peleamos por las "formas" y en ocasiones veo que algunos lo hacen con una pasión de verdad exagerada, pero lo increíble es que por otro lado muchos de esos no les importa si alguien está sufriendo como si se lo hubiera buscado o si llevamos llevan meses sin hablarse con un hermano por un chisme y no esperan repararlo.
Es por esto que la tradición cuando no se entiende se vuelve peligrosa: porque puede dar una falsa sensación de ser "muy espirituales" porque se cree que se cumple con Dios pero en realidad solo se cumple con los rituales, pero por dentro hace falta la Palabra. La Biblia nos manda a amar, a perdonar, a ser humildes, a hacer discípulos. Esos son mandamientos. Pero nosotros muchas veces hemos creado una iglesia de apariencia, donde lo más importante es que lo visual o el programa salga bien aunque en lo demás estemos fallando.
Piense en esto si hoy quitamos el templo, las comodidades, el orden del culto, los detalles estéticos ¿Cuantos permanecerían de verdad? Si pensamos que pocos, es porque estábamos cimentados en costumbres humanas y no en la Roca. La tradición debe ser como un apoyo, sirve para edificar, pero no es lo principal. En el momento en el que la tradición nos estorba para enfocarnos en lo que Dios mandó, es momento de quitarlo y volver a la esencia, a lo que está escrito.
2. La Verdad no es una mercancía que necesite publicidad
Esto ya lo he dicho en otro tema, algo que a veces nos cuesta aceptar es que el Evangelio no es un producto que estamos tratando de vender. La modernización de las iglesias las ha llevado a una posición de estar en una especie de competencia por ver quién ofrece el "servicio" más atractivo, con mejores luces, mejor comida o un mensaje que no incomode a nadie. Pero si recordamos la Biblia, Pablo lo dijo bien claro en 1 Corintios 1:17-18 cuando decía que él no iba a predicar con sabiduría de palabras, para no quitarle el poder a la cruz. Él sabía que el mensaje de la cruz por naturaleza es incomodo, como dijo es una locura para el mundo, pero es el único mensaje que tiene poder para salvar.
Pero ¿qué hay de malo en hacer atractivo el evangelio si eso puede traer personas a Cristo? El problema es que eso significa muchas veces tratar la Palabra como una mercancía, así que cuando quieres vender algo, tratas de que el cliente esté siempre contento. Ya sabe lo que dicen, el cliente siempre tiene la razón. Entonces, empezamos a acomodar el mensaje: quitamos las partes incomodas, como el arrepentimiento o de negarse a uno mismo, porque "eso no vende" o porque la gente se va a ir con la “competencia". Pero en el momento en que le quitas eso al Evangelio para que sea más “fácil” de recibir, dejas de dar lo que las personas realmente necesitan y empiezas a dar lo que les gusta. Es como la comida chatarra te puede quitar el hambre pero no te está nutriendo.
Como decía Pablo en Gálatas 1:10, si nuestro objetivo fuera quedar bien con la gente y agradar a todo el mundo, entonces ya no seríamos siervos de Cristo. La Verdad es poderosa por sí misma y no necesita que le hagamos marketing. Hoy por hoy no se trata de cuántos seguidores tenemos o de qué tan "relevantes" nos vemos en redes sociales, sino de qué tan fieles somos a lo que Dios dejó escrito. Nuestra meta hoy no deben ser los números sino la vida espiritual de los creyentes.
Sé muy bien que a veces nos da miedo que la gente no acepte el mensaje porque "no suena atractivo", pero la realidad es que la gente no necesita más entretenimiento; de eso ya tienen de sobra en el mundo. Lo que la gente necesita es la Verdad que que los confronta, que los libera, que los transforma, aunque al principio esa verdad nos sea incómoda. No estamos aquí para competir buscar mas clientes, estamos aquí para ser testigos de una Verdad que necesita ser vivida.
La complicidad de los oyentes
Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, 2 Timoteo 4.3
Pongamos atencion a algo que Pablo dijo que casi siempre pasamos por alto: él dice que la gente "se amontonará maestros conforme a sus propias concupiscencias o deseos". Esto me llama la atención porque significa que los falsos “predicadores” o los que solo hablan de fábulas no están ahí por accidente; existen porque hay gente que quiere escucharlos. La falta de sana doctrina en muchas iglesias no es solo culpa del que está al frente, sino de una congregación que prefiere que le mientan antes que le digan la verdad.
A veces nos gusta señalar al que dice cosas antibíblicas, pero la realidad es que ese mercado solo funciona porque nosotros somos los cómplices. Muchas cosas en este mundo no fucnionarían si no hubiera quien las consume, como el mercado ilegal de aves, o la pirateria. Así este tipo de “creadores de contenido”. Aclaro que no me refiero a todos porque hay muchos que de verdad son una bendición pero hay otros que en realidad o solo buscan su beneficio o dañan a la iglesia más de lo que la ayudas. En realidad el creyente es el que decide qué video ver, a qué iglesia ir y a quién darle su atención. Si buscamos a alguien que solo nos diga que Dios nos va a cumplir todos nuestros caprichos, es porque en el fondo no queremos a Dios, queremos a un genio de la lámpara que nos dé la razón. Somos cómplices cuando preferimos una "fábula" que nos mantenga tranquilos en nuestra desobediencia, en lugar de una Palabra que nos confronte y nos llame al arrepentimiento.
Al final, la "comezón de oír" es una decisión. hoy no podemos decir necesariamente que somos víctimas engañadas; porque muchas veces somos clientes satisfechos que están comprando exactamente lo que querían: una fe sin sacrificio y una doctrina que no estorbe nuestro estilo de vida. El mercado de las fábulas espirituales solo se va a acabar el día que nosotros, como oyentes, dejemos de buscar el placer personal en el mensaje, estudiemos de verdad nuestra biblia y empecemos a buscar la Verdad de Dios, aunque esa Verdad nos sacuda y nos incomode.
Entonces pensemos ¿Qué es lo que realmente estamos buscando cuando abrimos la Biblia o cuando venimos a la iglesia? ¿por qué estamos buscando a Jesús? Porque, como podemos ver, es muy fácil caer en la trampa de buscar solo lo que nos hace sentir bien, lo que nos da la razón o lo que se ve bonito por fuera. Podemos pasar años cumpliendo con tradiciones y sentir que hemos sido cristianos muy devotos, y aun así estar completamente lejos de lo que Dios desea de nosotros.
Es increible pero hay quienes a veces prefieren vivir en la ignorancia de lo que Dios quiereque enfrentar su propia desobediencia, pero la madurez espiritual es cuando empezamos a tratar a Jesús como el Señor de nuestra vida.
nuestra tarea hoy no es ver cuántas señales hay afuera, sino ver qué señales hay adentro de nosotros. Dejemos de tener "comezón de oír" lo que nos gusta y empecemos a tener hambre de lo que Dios ya dijo. siempre será mejor, una verdad que te sacude y te transforma que mil predicas que te mantienen cómodo, pero sin activar ni ser transformado. Volvamos a la esencia, volvamos a la Palabra, y que sea ella la que marque nuestro camino y no nuestros propios deseos.






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