Cuatro medicinas para el alma

Cuatro medicinas para el alma

Durante toda esta serie he insistido en que el amor es vital. Muchas veces, en la iglesia, nos volvemos expertos en "defender la verdad", pero nos olvidamos de que la verdad sin amor deja de ser verdad para convertirse solo en ideología. Nos preocupamos por conocer doctrinas y tener la razón, pero nos olvidamos de construir lo más importante, aquello que Jesús dijo que nos identificaría como sus discípulos: el amor los unos por los otros.

Porque si el Evangelio no funciona con las personas cercanas a ti, difícilmente  funcionará en otro lado. De nada sirve ser un gigante espiritual si en nuestras relaciones con los demás somos una amenaza. Una de las más grandes advertencias bíblicas fue: ¿de qué sirve decir que amas a Dios a quien no ves, si no amas a tu hermano que ves?

Quiero que entienda que esta serie no son temas superficiales. Jesús nos advirtió que en los últimos tiempos el amor de muchos se enfriaría, y dio una advertencia aterradora en Lucas 21:16: 

"Mas seréis entregados aun por vuestros padres, y hermanos, y parientes, y amigos; y matarán a algunos de vosotros".

Si el amor se puede perder al grado de que la misma familia se traicione, entonces no solo tenemos la tarea de predicar el evangelio sino de predicar urgentemente el amor de Dios. El mundo está perdiendo el amor sincero, y la iglesia debe ser el último bastión donde la humanidad siga siendo humana. La iglesia debe de ser el lugar seguro donde alguien puede llegar, convivir y estar sin miedo.

Me pregunto: ¿Qué diría Jesús de las iglesias actuales que todo lo juzgan? ¿Qué diría de los hermanos que hablan mal de su propio hermano? Creo que, si algo debemos predicar y vivir hoy más que nunca, es el amor de Dios.

Es importante entender que no todo tiene que ser espiritual. El problema de la religiosidad es que quieren espiritualizar todo y terminan tratando temas humanos con espiritualidad cuando ese no es el mensaje de la biblia. Por ejemplo:

Santiago 2:15-16 nos enseña que la fe no quita el hambre:

"Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha?".

Nehemías 4:9 nos enseña que se debe orar pero también actuar: 

"Entonces oramos a nuestro Dios, y por causa de ellos pusimos guardia contra ellos de día y de noche".


1 Timoteo 5:23 nos enseña que se puede buscar un remedio en lugar de una oración: 

"Ya no bebas agua, sino usa de un poco de vino por causa de tu estómago y de tus frecuentes enfermedades".

La Biblia tiene lecciones espirituales, pero también tiene verdades naturales. Y si realmente queremos enseñar toda la verdad bíblica, tenemos que hacerlo como es, sin quitarle pedazos. Tal como dijo Pablo: 

"Por tanto, yo os protesto en el día de hoy, que estoy limpio de la sangre de todos; porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios" (Hechos 20:26-27).

Si vamos a enseñar la Biblia, vamos a hacerlo completamente, no solo lo que nos gusta o lo que suena “espiritual". No podemos hablar de Dios y olvidarnos de cómo nos hizo. Por eso, una vez dada mi postura, quiero hablarles de cuatro medicinas para el alma que son esenciales para tener una vida de calidad. Son necesidades que Dios puso en nosotros desde el principio:

1. Cercanía

Como ya dijimos antes, el ser humano no está diseñado para vivir aislado. Nuestro cerebro está programado para interpretar la soledad constante como una amenaza de muerte; por eso, hasta las personas más solitarias necesitan un lugar seguro donde recargarse. Ya lo dijimos la semana pasada: Dios dijo que "no era bueno" que el hombre estuviera solo.

La Biblia dice: 

"Dios hace habitar en familia a los desamparados; saca a los cautivos a prosperidad..." (Salmo 68:6). 

Observen que la solución de Dios para la soledad no es solo decirte "ora más", es ponerte en una familia. Además agrega que salir del aislamiento trae la bendición de Dios: necesitamos de otros como un punto de apoyo para crecer. Incluso cuando hablamos de la oración, Jesús dijo que si dos se ponen de acuerdo, algo sucede. Hay un poder que no se activa cuando estamos solos. No existe tal cosa como una vida cristiana sana en alguien que vive como un náufrago.

2. Refugio: Para no quemarnos solos (Consuelo mutuo)

Quiero que recuerde algo: usted no puede con todo, no importa cuánto le hicieron creer que usted es muy capaz. Algunos creen que pueden con todo porque tuvieron un trauma, algo que les hizo pensar que nadie más lo va a hacer y que solo te tienes a ti mismo, pero eso solo trae más desgaste. Otros creen que pueden con todo porque solo recibieron afecto cuando lo hicieron bien y vivieron en busca de querer hacer bien las cosas, pero eso es desgastante. Tiene que recordar que no se puede con todo todo el tiempo. La misma Biblia dice: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece"; no es usted, es Cristo en su vida.

Cuando estamos asustados, cansados o heridos, nuestro cuerpo y nuestra mente buscan a otro ser humano para encontrar calma. Dios no nos hizo para aguantar todo solos; nos hizo para que el abrazo o la escucha de alguien más nos ayude a recuperar la paz. El mismo Señor Jesús pidió a sus discípulos que oraran con él: 

"Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera. Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo" (Mateo 26:37-38).

La Biblia lo dice claro: "Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo" (Gálatas 6:2). 

Este es un mandato directo de ser un "refugio". La Biblia reconoce que las cargas de la vida son demasiado pesadas para que las llevemos solos. Y ser refugio no es dar sermones, es ser el lugar donde tu amigo, tu pareja o tu hermano pueden soltar la carga sin miedo a que los juzgues. Cumplimos la ley de Cristo cuando prestamos nuestro hombro para que el otro recupere sus fuerzas.

3. Empatía: Para no ignorar el dolor (La Conexión)

Ya lo he mencionado antes: el dolor que sentimos cuando nos rechazan o cuando nos peleamos con la gente que amamos no es que seamos "débiles" o "sentimentales". Es una alarma de que algo importante se rompió. Por eso un rechazo o un rompimiento duele tanto, hasta en el cuerpo. 

La Biblia dice:
 "Si un miembro sufre, todos los demás sufren con él" (1 Corintios 12:26).

Esto significa que estamos amarrados unos a otros. Si alguien falta o se aleja, el resto del grupo siente el golpe. Esa ansiedad que sientes cuando no estás bien con alguien es simplemente tu interior diciendo: "Falta una parte de mí, no estoy completo ni seguro". ¿Por qué nos cuesta tanto entender que al otro le duele? A veces no entendemos el dolor de los demás porque nos da miedo ser vulnerables. Nos da miedo decir qué nos duele porque no queremos que nos vuelvan a lastimar ahí mismo.

Hay que entender algo: todos tenemos puntos sensibles. Son como "botones" que si alguien los toca, explotamos. A lo mejor lo que te hicieron hoy no fue muy grande, pero en nuestra memoria emocional lo relacionamos con algo muy feo que vivimos en el pasado. Por eso alguien puede llorar mucho o enojarse de más por algo chiquito: no es por lo que pasó ahorita, es por todo lo que trae cargando de atrás. No minimicemos el dolor. Aquí es donde debemos aprender a tener empatía. No podemos andar diciendo "exageras" o "no es para tanto". Si a alguien le duele, le duele y punto. La Biblia dice que si alguien sufre, todos sentimos el impacto. Esa ansiedad es tu cuerpo avisando que necesitas recuperar la conexión con los tuyos. No es falta de fe, es que Dios no te hizo para estar solo ni peleado con los que amas. En lugar de juzgar, hay que aprender a decir: "Entiendo que te duela, aquí estoy".

4. Respaldo: Para no rendirnos en el camino (Base Segura)


La realidad es que todos somos más valientes y productivos cuando sabemos que alguien nos cuida la espalda. El apoyo nos permite arriesgarnos. Pero nos volvemos improductivos, cansados y apagados cuando sentimos que estamos solos en el mundo. ¿Por qué pasa esto? Cuando una persona se siente sola o desconectada, su mente interpreta que está en peligro. Y cuando estás en peligro, tu mente no piensa en "metas a futuro", "negocios" o "estudiar". Solo piensa en sobrevivir. Por eso la gente se vuelve improductiva: porque toda su energía mental está ocupada tratando de manejar la tristeza o el miedo de estar sola. No es falta de ganas, es que su motor está "trabado" en la ansiedad.

Curiosamente a otros les pasa al revés: se vuelven hiperactivos. Mucha gente se vuelve hiper-productiva porque el trabajo es su anestesia. Si se quedan quietos, empiezan a sentir el vacío, la soledad o el dolor de la niñez que platicamos. Entonces, se llenan de actividades, negocios y pendientes para que su mente no tenga ni un segundo de silencio. No es que sean productivos porque están bien, es que están huyendo de su propia realidad. Si se detienen, se derrumban. 

La Biblia dice en Eclesiastés 4:9-10: "Mejor son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero...". 

Este versículo dice que el trabajo es más eficiente cuando hay dos, no porque el trabajo sea más fácil, sino porque el riesgo de caer se elimina al tener un alguien a tu lado. La seguridad del vínculo nos hace más efectivos afuera.

El Evangelio no es una teoría para llenar la cabeza, es un diseño para sanar la vida. Hemos pasado mucho tiempo creyendo que ser "espiritual" es vivir aislados en una burbuja, aguantando todo solos y pretendiendo que nada nos duele. Pero hoy hemos visto que eso no es lo que Dios quería. Dios nos hizo con la necesidad de estar cerca, de ser refugio para otros y de sentirnos respaldados.

Si hoy te diste cuenta de que estas bloqueado por la ansiedad, o que has estado corriendo como loco trabajando para no sentir tu soledad, Eso es señal de que  te falta conexión. Y no se arregla con más religión; se arregla volviendo a las personas que amas.

La iglesia debe ser ese lugar donde no tengamos que fingir que somos superhéroes. Bajemos las defensas. Dejemos de juzgar al que llora o al que está cansado. Si Jesús mismo necesitó que sus amigos velaran con Él, ¿quiénes somos nosotros para decir que no necesitamos a nadie?

Vayan a casa hoy con una tarea sencilla: sean el refugio de alguien. No den sermones, no minimicen el dolor de los suyos. Solo presten el hombro, den un abrazo y digan: "Aquí estoy". Porque al final de todo, lo único que va a convencer al mundo de que Dios es real, no son nuestras doctrinas, sino la forma en que nos amamos los unos a los otros.

Que Dios nos ayude a ser una iglesia de verdad.

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