LA BATERÍA SOCIAL DE JESÚS


LA BATERÍA SOCIAL DE JESÚS

Continuamos con la serie: La humanidad de Jesús.

Todos siempre recordamos los grandes milagros de Jesús; tenemos muy claro su poder divino para obrar, pero hay algo que pocas veces hemos destacado o notado: la Biblia también nos muestra escenas de su humanidad. Es necesario entender que, para que su sacrificio tuviera valor, se tenía que demostrar que vivió y sufrió como humano.

Esto lo vemos desde su nacimiento y las condiciones en que se dio, el hecho (aunque no se mencione directamente) de que fue circuncidado y el desarrollo de su oficio. También está todo lo que implica su personalidad. Algo que en lo personal me gusta es que en el test de personalidad MBTI —que es el sistema de clasificación de personalidades que dice que hay 16 tipos— explican que hay 8 extrovertidos y 8 introvertidos, y han incluido a Jesús en la categoría INFJ, como introvertido lo que a mí me hace mucho sentido, porque en la biblia no se muestra como el hombre extrovertido que quiere ser el foco de atención, o liderar a los demás solo por liderar. No sé si realmente si el Señor Jesús fue introvertido, pero al ser introvertido, hay algunas características que, sin duda, hacen que me pueda identificar con él.

Así que el día de hoy aprenderemos una lección que Jesús nos dio sobre la necesidad de recargarnos emocional, mental y espiritualmente.

Entre círculos de introvertidos hay una broma o modismo que usamos mucho para decir que necesitamos recargarnos: "como ya socialicé mucho, ahora necesito desaparecer una semana", o "mi batería social se agotó". Pero también creo que esto no es solo cosa de introvertidos, sino una necesidad general que el ser humano tiene de volver a recargarse.

Independientemente del tipo de personalidad, el ser humano necesita su espacio personal a solas para desarrollar su identidad propia. Si siempre estás con "gente", terminas siendo un reflejo de lo que el grupo espera de ti. Jesús ponía el ejemplo: él amaba a la gente, pero su identidad y su fuerza venían de lo que pasaba cuando nadie más estaba mirando.

La Biblia dice:

"Después de despedir a la gente, subió a la montaña para orar a solas. Al anochecer, estaba allí él solo". Mateo 14:23

"Él les dijo: Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, de manera que ni aun tenían tiempo para comer". Marcos 6:31


RECARGARNOS EMOCIONALMENTE

Mateo 14:13: "Al oírlo Jesús [la muerte de Juan el Bautista], se apartó de allí en una barca a un lugar desierto y solitario".

No sé si le ha pasado esto, pero Jesús no solo escuchaba los problemas; al amar tanto a las personas, él sentía lo que la gente sentía. La Biblia dice frecuentemente que "tuvo compasión". Esta palabra en griego es splagchnizomai, lo que se traduce como "volcarse las entrañas".

Aquí entra algo difícil cuando eres empático: no solo oyes un relato de dolor, sino que tu cuerpo y mente procesan ese dolor como si fuera propio. ¿Sabe lo difícil que es cargar con los problemas de los demás? Ahora, imagine eso en Jesús, pero multiplicado por cientos de personas al día. Esto para mí muchas veces es difícil, porque estoy acostumbrado a dar soluciones a las cosas, pero muchas veces hay temas que no tienen una solución real (o al menos no en el momento) y es complicado acompañar a alguien para quien no tienes una respuesta; internamente se vuelve una carga emocional.

Cuando este es el caso, sin duda necesitas estar solo para soltarte de todas esas emociones que no son tuyas. Creo que la soledad le permitía a Jesús separar su propia identidad del sufrimiento de la multitud.

Se dice en psicología que la "fatiga por compasión" ocurre cuando das tanto apoyo emocional que tu capacidad de sentir empatía se agota. Conocí a una persona que trabajó en servicios de emergencia y decía que llegaba a un punto donde, en lugar de sentir compasión, sentía carga; de alguna manera se terminaba por agotar de tantas llamadas de dolor. Las personas a veces no entienden que el ministerio cansa, y en algún momento tal vez alguien cuenta un problema y siente que no fue “bien atendido”, pero la realidad es que detrás de eso hay mucha fatiga. Escuchar a alguien más puede ser cansado, no porque no se ame a la gente, sino porque el "tanque" está vacío.

Pienso que si Jesús no se hubiera apartado, habría llegado un punto en que ver a un enfermo ya no le causaría compasión, sino sobrecarga. Al irse al monte, él ponía una barrera. El silencio le permitía recuperar la ternura. Se apartaba de la "gente" para no terminar desgastado o ignorándolos.

Hay un caso interesante que siempre me ha llamado la atención: cada vez que Jesús sanaba a alguien, expulsaba demonios o consolaba a una viuda, salía "virtud" o poder de él (como dice en Lucas 8:46). Eso para mí es como dar algo de ti mismo. No sé si sea igual, pero muchas veces cuando estoy en un lugar, predico y oro por personas, siento que termino desgastado y después de eso lo menos que quiero es seguir atendiendo gente; me refiero específicamente a explicar o dar respuestas. Claro que muchas veces he disfrutado después de un servicio de la compañía, pero fuera de "plan de pastor". Este es como mi espacio personal, el momento de dejar de ser el "solucionador de problemas".

Jesús, en la soledad, volvía a ser el "Hijo", el que recibe cuidado y paz. Desconectarse del dolor ajeno era lo que le permitía volver a conectarse con su Padre y se recargaba para continuar su ministerio. Esto es lo que muchas veces he dicho sobre mí: disfruto mis espacios personales donde dejo de ser el pastor y comparto mi vida normal, mis rutinas y mi dinámica personal.

Pareciera que no, pero si te quedas pegado al dolor de todos, te hundes con ellos. Creo que Jesús se iba "al otro lado del lago" o "al monte" porque, de alguna manera, la distancia física también ayuda a la distancia emocional. Lo que hoy quiero que puedas aprender es que no puedes salvar a nadie si tú mismo te estás ahogando en el drama de los demás.

"Y dijo a sus discípulos que le tuviesen siempre lista la barca, a causa del gentío, para que no le oprimiesen". Marcos 3:9


RECARGARNOS MENTALMENTE

Juan 6:15: "Pero entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte él solo".

Muchas veces no solo nos agotamos emocionalmente, también lo hacemos mentalmente. La diferencia es que lo emocional se trata de lo que "sientes", y lo mental de cómo nuestro cerebro procesa información bajo presión. Piense esto: si usted fuera Jesús, no solo es ver personas con necesidad; piense en el asedio constante. No era solo gente pidiendo pan; era un continuo ajedrez intelectual en el que tenía que responder preguntas complejas que buscaban tentarlo y, por otro lado, tener una visión estratégica sobre cómo organizar multitudes. Piense si eso no era agotador.

A veces organizamos un evento regular y ya nos estamos estresando; piense esto en el tiempo de Jesús, donde solo eran él y sus doce discípulos. Era como atender una megaiglesia sin tanto voluntariado.

1. El estado de alerta máximo

Imagínese vivir cada día sabiendo que hay grupos de personas inteligentes y poderosas, como los fariseos y escribas, buscando un error en cada una de sus palabras para destruirlo. Esto pondría nuestro cerebro en modo "enfrentar o escapar" constantemente. Tener que responder a preguntas trampa, como la del tributo al César o la de la mujer adúltera, no solo requiere sabiduría, sino una agilidad mental que consume nuestra carga cognitiva.

A veces nuestro cerebro es como una aplicación que ya no quiere cargar y necesita "limpiar el caché" para que pueda funcionar. Apartarnos a solas, muchas veces, elimina la necesidad de estar a la defensiva. El cerebro deja de sentir o pensar en amenazas y entra en un estado de reposo que lo sana, lo que permite que las ideas se ordenen solas.

Además, piense en esto: la gente es muy convenenciera. Una cosa era seguirlo por creer que era el Mesías y otra por esperar algo de Él. Imagínese todas las demandas: "sana a mi hijo", "danos de comer", "responde esto". En algún momento es fácil perder de vista la razón real de por qué estás en la tierra. La actividad te consume y te olvidas del propósito. Creo que el espacio a solas permitía que Jesús se enfocara en su misión principal y no en lo que la gente quería; él no era un curandero local, sino algo mucho más grande. Muchas veces la exigencia de la iglesia nos saca del propósito real y terminamos solo complaciendo el gusto de las personas.

Aprender esto nos ayuda a entender que sentirnos confundidos o distraídos son señales de que nuestra energía mental se agotó. En lugar de esforzarnos más, a veces buscamos evadir, y eso es cansancio mental. Por eso, apagar el teléfono hoy es como el equivalente moderno a irse al monte.


RECARGARNOS ESPIRITUALMENTE

Lucas 5:16: "Mas él se apartaba a lugares desiertos, y oraba".

Lo tercero que tenemos que recargar es nuestra energía espiritual. Es importante entender que no es solo "piedad" o vida devocional; es lo que nos da el sentido de identidad y dirección. Para Jesús, esto era su principal motor, lo que transformaba el trabajo agotador en algo natural.

Pedro dijo en una ocasión: "Lo que tengo te doy". No puedes dar lo que no tienes y no puedes dar más de lo que recibes; es decir, no puedes dar más espiritualidad si tu recepción con Dios es poca.

Recordamos que cuando Jesús estaba con la gente, cada milagro, cada enseñanza y cada confrontación eran "virtudes" (poder) que salían de Él. Siempre nos preguntábamos: "¿Por qué Jesús oraba, si Él podía hacer cualquier cosa?". Esto nos lleva de nuevo al principio: porque era humano. Necesitaba, como cualquiera de nosotros, llenarse delante de su Padre.

Si un líder, o cualquier persona, solo da y da, empieza a actuar por inercia o por deber. Su servicio se vuelve mecánico, como un empleo que te drena. Eso hace que dejes de ver a la iglesia o a los demás como Jesús los veía, y los empiezas a ver como "tareas pendientes" en lugar de seres humanos.

Al apartarse a solas, Jesús se llenaba. En el silencio, él recordaba que no era un simple "atendedor de necesidades" de la multitud, sino lo que su Padre dijo de Él: el "Hijo amado". Ese momento le devolvía el porqué de lo que hacía, logrando que al día siguiente fuera el mismo de siempre, con amor y compasión natural por los demás, sin sentirse forzado.

A veces siento que estar con la gente genera mucha "interferencia". Por ejemplo, todos querían algo distinto de Jesús: los enfermos querían salud, los rebeldes querían un guerrero, los discípulos querían prestigio, las multitudes querían pan... Eso explica por qué en algún momento dijo: "Si se quieren ir, que se vayan", porque no lo estaban viendo por quién realmente era, sino por lo que les estaba dando.

Si Jesús se hubiera quedado siempre con la gente, el ruido de esas expectativas habría interferido con su visión. Al mismo Pedro le dijo: "Apártate de mí, Satanás", cuando le sugirió no ir a la muerte. A solas, en oración, Él redirigía su misión con la voluntad de su Padre. Por un momento, en el Getsemaní, dijo: "Si quieres, que pase de mí esta copa sin que yo la beba", pero después decía: "Pero hágase tu voluntad". Su humanidad podía verse tentada a desviarse del propósito principal; su recarga espiritual es lo que le permitía decir "no" a las peticiones populares para decir "sí" al propósito divino.

Me encanta que la gente se asombraba porque Jesús hablaba "con autoridad y no como los escribas". Esa autoridad no venía de estudiar libros, sino de su frescura espiritual. El poder público se cultiva en privado. Sin esos momentos a solas en oración, su mensaje se habría vuelto repetitivo o teórico. Al recargarse espiritualmente, sus palabras tenían vida propia; no tenía que "esforzarse" por ser profundo, simplemente lo era porque venía de estar en la fuente.

A veces no lo vemos así, pero es posible que la mayor batalla espiritual de Jesús haya sido mantener su identidad de ser el Hijo de Dios. La multitud constantemente trataba de definirlo según sus necesidades, y creo que a muchos líderes o pastores les pasa lo mismo. Una y otra vez tenemos que repetirnos: "¿Para qué nos llamó el Señor?". Es, como Jesús, volver a escuchar la voz que le dijo en el bautismo: "Tú eres mi Hijo amado". Una vez que resonaba esa frase, podía enfrentar cualquier crisis sin que su paz se viera afectada.

Lucas 6:12: "En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó toda la noche en oración a Dios".

Al final de todo este rollo, lo que me queda claro es que darnos ese respiro no es un lujo ni una señal de debilidad, es pura supervivencia.A veces nos sentimos culpables por querer "desaparecer" un rato o nos da miedo que la gente piense que ya no nos importa, pero si el mismo Jesús ponía sus límites y se iba a su lugar solo para que la multitud no lo terminara definiendo, nosotros estamos obligados a hacer lo mismo.

No se trata de ser ermitaños, sino de no vaciarnos tanto que terminemos siendo solo un cascarón que repite frases por inercia, oraciones mecánicas aprendidas. Si Él necesitaba volver a ser el "Hijo" en privado para poder ser el "Maestro" en público, nosotros tenemos que aprender a soltar el papel de "solucionadores" de vez en cuando. Al final, si no tenemos nuestra propia barca lista para apartarnos cuando el gentío aprieta, nos vamos a terminar ahogando. Toca ir al monte, apagar el ruido y recordar quiénes somos cuando nadie nos está pidiendo nada.


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