Yo y mi hijo
La Biblia tiene muchas escenas maravillosas, pero hay una que en lo particular me resulta conmovedora, y es cuando Abraham va viajando con su hijo hacia Moriah. Creo que me resulta más intrigante y emocionante pensar en ese tiempo, en el evento cuando intenta sacrificar a Isaac. A veces nos enfocamos en los puntos grandes y dejamos a un lado los pequeños pero significativos detalles, y es que así es la vida de uno con la familia. Nos preocupamos más por un evento en específico: un cumpleaños, una graduación, un reconocimiento, pero no le prestamos mucha atención a ese día significativo, pero clave en la vida de la familia, ese día que marca para siempre.
Creo que Abraham e Isaac tienen mucho que reflexionar en ese momento, sobre todo Abraham. Para Abraham es un tiempo de prueba, para Isaac es un viaje más con su padre. Hay que tener en cuenta que Isaac no es un niño en este momento, sabe lo que están haciendo. De esta parte me encantan dos cosas que se me hacen muy significativas. La primera es cuando Abraham dice: “Yo y el muchacho iremos hasta allí, y adoraremos, y volveremos a vosotros” (Génesis 22:5). Esto nos muestra que era algo muy normal que Abraham y su hijo adoraran juntos. Adorar junto a nuestros hijos debe ser algo muy normal y natural en nuestras familias. La otra parte significativa es el acto de Isaac, quien hace una pregunta clave: "Isaac dijo a Abraham: —¡Padre! —Dime, hijo mío. —Aquí tenemos el fuego y la leña —continuó Isaac—; pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?" (Génesis 22:7). Esto indica que él conocía el proceso de la adoración. Su padre ya le había enseñado qué significaba adorar. Lo que iban a hacer no era desconocido para Isaac.
Esto nos hace preguntarnos: ¿qué tanto saben nuestros hijos de nuestra adoración a Dios? Debería ser tan natural, tan normal, que hasta ellos mismos tengan que recordarnos lo que debemos hacer o refrescar nuestra memoria sobre lo que haremos.
Lo que nos lleva a reflexionar en este día no es: ¿cómo está nuestra comunión con Dios?, sino ¿qué tanto están nuestros hijos conectados con Dios?
La adoración es para todas las generaciones
Moisés dijo:
“Vamos a ir todos nosotros, desde el más joven hasta el más viejo. Vamos a llevar a nuestros hijos, nuestras hijas, nuestras ovejas y nuestro ganado. ¡Vámonos todos a celebrar una fiesta al SEÑOR!” (Éxodo 10:9).
Cuando Moisés estuvo en Egipto y tenía que negociar con el faraón la liberación del pueblo de Israel, hubo un momento en el que el faraón intentó limitar quién podía ir a adorar, pero Moisés insistió en que toda la comunidad debía participar, desde los más pequeños hasta los ancianos; nadie quedaría fuera del tiempo de celebración.
Piense por un momento: si usted fuera Moisés, ¿a quién dejaría? Hoy que es día para celebrar al Señor, ¿a quién dejaría?
La realidad es que tenemos la idea errónea de que la adoración es solo para los adultos. Y esto se debe principalmente a varios factores. Hemos hecho de la adoración un tiempo más ritualista que un acto del corazón. Simplemente deberíamos cantar y adorar con todo el corazón; eso haría que los pequeños lo hagan sin sentir que tienen que estar quietos como estatuas. Otro factor es la falta de un espacio especial para los niños o música que pueda conectar con ellos de manera que también comprendan el mensaje a través de la adoración. También está la idea de que no se pueden concentrar o que se distraen, pero está comprobado que los niños pueden adorar a Dios y experimentar su presencia.
La adoración es un tiempo generacional, y Moisés lo sabe y le deja claro al faraón que todos deben participar en la fiesta para el Señor. Cuando los niños no aprenden a adorar desde pequeños, pueden en algún momento crecer pensando que la iglesia y la adoración son cosas de mayores.
Nadie más que el enemigo quiere que la iglesia tenga restricciones, que esté dividida, que todas las familias estén separadas. Él te deja ir a adorar a Dios, pero con restricciones, a costa de que tus hijos no puedan buscar.
Hoy es un tiempo para orar por nuestros hijos, para pedir a Dios por ellos y para decirle al enemigo que adoraremos nosotros y toda nuestra familia.
La adoración une a la familia en tiempos de crisis
"Todos los hombres de Judá estaban de pie delante del Señor, junto con sus mujeres y sus hijos, aun los más pequeños." (2 Crónicas 20:13 NVI).
Otro evento muy interesante es cuando el rey Josafat y el pueblo de Judá enfrentaban una gran amenaza de guerra. Sabían que era un tiempo muy difícil y lo único que les podía dar esperanza era ir a la presencia de Dios. Así que se reunieron, no solo como pueblo de Dios, sino como familias.
¡Qué especial es que en los tiempos de crisis las familias puedan unirse, puedan derribar diferencias, limar asperezas!
La Biblia dice que ahí estaban todos, no solo hombres como era de esperarse, sino también las mujeres, aun cuando los hombres eran los que representaban a las familias. Pero además estaban los hijos, y aun los más pequeños.
Cuando hay problemas en nuestras vidas, buscamos por todas partes soluciones o ayuda, pero aquel día el pueblo de Judá decidió adorar a Dios primero antes de actuar. Ese era un poderoso mensaje con el ejemplo para la siguiente generación. Todos esos niños recordarían el día en que, tal vez, no comprendían todo lo que pasaba, pero sí veían a los adultos preocupados, y también los vieron unirse para adorar.
No hay mensaje más poderoso que aquel cuando la familia se une en oración y adoración en medio de la crisis. Los niños aprenden que Dios es el primer recurso, no el último.
Cuando estés pasando tiempos de crisis, reúne a tu familia para orar y adorar juntos. No dejes que tus hijos solo vean la preocupación, el estrés, el dolor; enséñales también a ver el poder de Dios actuando en ese momento.
La adoración trae gozo y es un testimonio para otros
"Y sacrificaron aquel día numerosas víctimas, y se regocijaron, porque Dios los había recreado con gran contentamiento; se alegraron también las mujeres y los niños, y el alborozo de Jerusalén fue oído desde lejos." (Nehemías 12:43).
¿Recuerda en algún momento de su infancia haber celebrado o festejado algo aunque no lo comprendiera? Simplemente, el ver que los demás estaban alegres lo ponía alegre a usted. Esos momentos en los que todos reímos y brincamos de alegría... si en ese momento le preguntaban por qué lo hacía, diría: "No sé, pero es divertido celebrar".
Eso es lo que este pasaje de Nehemías describe, cuando todos celebraron y se alegraron debido a la dedicación de los muros de Jerusalén después de la reconstrucción bajo la dirección de Nehemías. Era un momento de agradecimiento y gozo, y toda la ciudad estaba presente para celebrar. Estoy seguro de que muchos niños no entendían lo que hacían o el porqué. Escuchaban sobre el muro y el trabajo, pero no tenían claro todo el contexto. Sin embargo, celebraban, ¡y me encanta eso!
La Biblia dice que Dios "los había recreado con gran contentamiento". Me encanta esa expresión y me conmueve, porque si hay algo que hoy quiero pedirle a Dios, es un tiempo de recreación.
La recreación de Dios es un tiempo de renovación. Cuando Dios trae alegría a nuestra vida, nos está recreando. La recreación es un tiempo de alivio y descanso. Me encanta porque esa palabra recrear me recuerda el recreo de la primaria: era un tiempo de alivio y descanso. Cuando sonaba la chicharra, te olvidabas de la tarea y de las presiones, salías a correr, a comer, a jugar. Eso es un tiempo de recreación de Dios. Dios dio alivio y descanso a Judá con aquel muro, y todos, desde los grandes hasta los pequeños, estaban ahí para celebrar.
La Biblia dice que "el alborozo de Jerusalén fue oído desde lejos", lo que significa que su alegría no pasó desapercibida. La alegría no se puede esconder, y no hay cosa mejor que todos sepan que estamos alegres.
Así que la adoración y celebración a Dios es más que un ritual religioso, es un asunto de familia. No es solo personal, sino que debe transmitirse a nuestras generaciones como parte de una práctica diaria. Todos pueden adorar, aun los niños pueden alabar y reconocer a Dios. Jesús mismo afirmó que en ellos se perfeccionaba la alabanza.
Pastor César Domínguez
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