El que ama mi alma

 El que ama mi alma

Durante esta serie, hemos estado hablando del amor y sus desafíos. Algunos amores logran prevalecer ante las circunstancias más difíciles, pero otros terminan sucumbiendo, como las adversidades que enfrentaron David y Mical, quienes pasaron por crisis eternas, o el caso de Oseas y Gómer, que superaron la infidelidad. Cada historia de amor tiene sus adversidades que tratan de opacarlo, tal como lo dice en Cantares:

"Atrapen todos los zorros, esos zorros pequeños, antes de que arruinen el viñedo del amor, ¡porque las vides están en flor!"
Cantares 2:15 (NTV)

Y es precisamente en Cantares donde encontramos nuestra historia de hoy. Se trata de la Sulamita y su amado, pero contrario a lo que muchos creen, no se trata de Salomón. Lo que muchos no saben es que hay algunos estudiosos de la Biblia que sugieren que hay un tercer personaje en esta historia de amor: se trata de un pastorcillo, probablemente de la misma aldea que la Sulamita, lo que le añade a esta historia un drama más grande.

Esto puede interpretarse desde el versículo 7 del capítulo 1:

"Hazme saber, oh tú a quien ama mi alma, dónde apacientas, dónde sesteas al mediodía; pues, ¿por qué había de estar yo como errante junto a los rebaños de tus compañeros?"
Cantares 1:7

Según algunos, si se tratara de Salomón, no tendría sentido, pues era un rey y no un pastor de ovejas.

"A mi yegua entre los carros de Faraón te he comparado, amiga mía. Hermosas son tus mejillas entre los pendientes, tu cuello entre los collares."
Cantares 1:9-11

Salomón es quien habla, usando palabras lujosas y comparaciones con su ejército, un contexto propio de un rey. En cambio, cuando la Sulamita habla de su amado, lo describe de manera más sencilla y personal, con referencias a la naturaleza y el campo. 

Debo aclarar que esto no le quita el valor espiritual al libro ya que sigue mostrando la lucha de la Sulamita (la iglesia) por su pastor (Cristo el buen pastor)

Así que, si esto es así, estas son las lecciones que nos deja esta fascinante historia.

El verdadero amor no puede forzarse

"Atráeme; en pos de ti correremos. El rey me ha metido en sus cámaras; nos gozaremos y alegraremos en ti; nos acordaremos de tus amores más que del vino; con razón te aman."
Cantares 1:4

Es posible que esta Sulamita hubiese sido llevada a Salomón para convertirse en parte de su harén:

"Sesenta son las reinas, ochenta las concubinas, y las jóvenes, sin número."
Cantares 6:8

Esto sugiere que eran los inicios del rey Salomón, ya que Reyes nos dice:

"Y tuvo setecientas mujeres reinas y trescientas concubinas; y sus mujeres desviaron su corazón."
1 Reyes 11:3

Lo que sugiere que la Sulamita se encuentra en un triángulo amoroso: Salomón la quiere a ella, pero ella quiere a su amado. Todo lo que Salomón le ofrece puede tratar de desviar su atención, pero en el texto ella insiste en encontrarse con su amado.

Esto es algo que siempre me causaba conflicto al leer Cantares: ¿cómo podían estar juntos, pero ella siempre expresa que no ve a su amado, que no lo encuentra? Lo que refuerza el pensamiento de que se trata de alguien más. Aunque Salomón le ofrece todo, ella anhela a su amado. El verdadero amor se basa en la sinceridad y la entrega, no en riquezas o poder.

Todos conocemos historias de triángulos amorosos, y la Biblia no es la excepción, pero no terminan bien. El año pasado precisamente estudiamos a Jacob, Lea y Raquel, pero también están Sara, Agar y Abraham; Ana, Penina y Elcana. Estas historias siempre tienen conflictos y dificultades, y es que las personas que llegan a entrar en una situación así deben evaluar su vida para poder corregir ese curso.

La realidad es que los triángulos amorosos no siempre son apasionados y glamorosos como en las novelas o películas. Muchas veces son complicados y desgastantes, como los vemos en las historias bíblicas.

Pero, ¿por qué se llegan a dar este tipo de relaciones?

En ocasiones, se debe a que una persona siente amor por alguien, pero también atracción o apego hacia otra persona, aunque no sea del todo racional. Otras veces es por insatisfacción en su relación actual, pues cuando una relación tiene problemas, una persona puede ser vulnerable y sentirse atraída por otra que le da lo que siente que le falta. También puede ser miedo al compromiso o a perder opciones. Algunas personas evitan decidirse porque temen equivocarse o buscan tener lo mejor de sus opciones.

Pero entonces, ¿cómo evitar o salir de un triángulo amoroso?

  1. El amor verdadero madura. Se debe ser honesto consigo mismo y con los demás: analizar y evaluar qué siente realmente y no engañarse a sí mismo ni a los demás.
  2. Tomar una decisión. Muchas veces prolongar un triángulo solo agrava el problema. Es mejor decidir con claridad qué camino tomar.

La Sulamita no solo se ve envuelta en los halagos y la riqueza de Salomón por conquistarla, sino también por la presión de las doncellas, quienes también participan en los diálogos. Sin embargo, ella sabe que el amor no se puede comprar, ni presionar, ni obligar desde afuera. Tiene que nacer desde dentro, y ese sentimiento es por su amado.

"Prométanme, oh mujeres de Jerusalén, por las gacelas y los ciervos salvajes, que no despertarán al amor hasta que llegue el momento apropiado."
Cantares 2:7 (NTV)

El verdadero amor no puede ser retenido

"Por las noches busqué en mi lecho al que ama mi alma;
Lo busqué, y no lo hallé.
Y dije: Me levantaré ahora, y rodearé por la ciudad;
Por las calles y por las plazas
Buscaré al que ama mi alma;
Lo busqué, y no lo hallé."
Cantares 3:1-2

La Sulamita expresa constantemente la búsqueda de su amado. Una y otra vez la vemos tratando de estar con él. En contraste, Salomón insiste en conquistarla con su esplendor y poder.

El texto indica que, cuando finalmente lo encuentra, no quiere soltarlo:

"Apenas hube pasado de ellos un poco,
Hallé luego al que ama mi alma;
Lo así, y no lo dejé,
Hasta que lo metí en casa de mi madre,
Y en la cámara de la que me dio a luz."
Cantares 3:4

Además, notamos que su madre está de acuerdo con su relación. Pero Salomón insiste en deslumbrarla, ya que, aunque ella ha encontrado a su amado, en los versículos siguientes reaparece la figura del rey:

"¿Quién es ésta que sube del desierto como columna de humo,
Sahumada de mirra y de incienso
Y de todo polvo aromático?
He aquí es la litera de Salomón;
Sesenta valientes la rodean,
De los fuertes de Israel.
Todos ellos tienen espadas, diestros en la guerra;
Cada uno su espada sobre su muslo,
Por los temores de la noche."
Cantares 3:6-8

Al parecer, ella termina, como ya sabemos, en el palacio. Pero su amado tampoco se rinde e insiste en encontrarse con ella:

"Ven conmigo desde el Líbano, oh esposa mía; ven conmigo desde el Líbano.
Mira desde la cumbre de Amana,
desde la cumbre de Senir y de Hermón,
desde las guaridas de los leones,
desde los montes de los leopardos."
Cantares 4:8

Parece que la está llamando a salir de ese lugar en el que se encuentra atrapada, rodeada de "leones y leopardos", lo que podría ser una referencia al palacio.

Por su parte, ella también desea escapar de allí:

"Ven, amado mío;
vayamos a los campos,
pasemos la noche en las aldeas."
Cantares 7:11

Esto es claramente una invitación a dejar el palacio y retomar la vida en el campo, a la cual pertenecen.

No importa cuántas barreras pueda haber en una relación, cuando esta está inspirada por el amor, nada la puede detener.

El verdadero amor, al final, prevalece.

"Mi amado es mío y yo soy suya;
él apacienta su rebaño entre azucenas."
Cantares 2:16 (NVI)

Desde el principio, ella tenía definido su amor por su pastorcillo. Su relación estaba basada en amor y compromiso, no en una posesión forzada, sino en una entrega voluntaria. Nuevamente vemos la referencia a que él pastorea o apacienta un rebaño.

El amor debe ser así: no forzado ni condicionado. Se da porque la persona quiere, no porque debe. Como dicen por ahí: "Si amas algo, déjalo ir." El amor respeta la individualidad, no busca poseer ni controlar, sino permitir que el otro crezca y florezca. Esta es una de las mayores muestras de amor: la libertad. La persona puede ser ella misma.

"Ni las muchas aguas pueden apagarlo,
ni los ríos pueden extinguirlo.
Si alguien ofreciera todas las riquezas que posee a cambio del amor,
solo conseguiría el desprecio."
Cantares 8:7 (NVI)

Este versículo es una prueba más de que, con toda su riqueza, Salomón no pudo convencer a la Sulamita. Queda claro que el amor no se compra con riquezas ni poder, sino que nace del corazón.

Hoy en día, cuando las personas se han vuelto muy superficiales y valoran más el dinero que el amor, es necesario recordar que un verdadero amor vale más que todo el oro del mundo.

Al final del libro, la Sulamita regresa a su amado pastor, dejando atrás el lujo del palacio del rey:

"¿Quién es esta que sube del desierto,
Recostada sobre su amado?
Debajo de un manzano te desperté;
Allí tuvo tu madre dolores,
Allí tuvo dolores la que te dio a luz."
Cantares 8:5

Finalmente, según los comentaristas, ya no son las doncellas quienes cantan, sino el pueblo quien los observa juntos: ella recostada en el hombro de su amado, su apoyo y su sostén.

Al parecer, justo pasan debajo de un manzano, el mismo lugar donde posiblemente despertó su amor y donde también su madre lo concibió. Esto refuerza la idea de que su amado es el pastorcillo, pues su origen es humilde, nacido en el campo, y su amor floreció en el campo.


El amor que trasciende no es el que deslumbra con riquezas ni el que se impone con poder, sino el que elige, el que espera, el que es libre y al mismo tiempo firme. El amor verdadero no se retiene a la fuerza ni se apaga con el tiempo; es una llama que resiste, una melodía que persiste, un lazo que ni la distancia ni las circunstancias pueden quebrar. Así es el amor del que ama tu alma. Un amor que no te obliga, sino que te llama. No te atrapa, sino que te invita. Y cuando decides seguirlo, descubres que es el único amor donde puedes descansar sin miedo, porque en él encuentras tu hogar.

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