"Y Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían, predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento." Hechos 28:30-31
Así que hoy vamos a ver el último capítulo del libro de Hechos, y vamos a aprender cómo el Evangelio es como ese un tsunami que nadie puede detener, y hasta el día de hoy sigue sin detenerse. Las dificultades no pueden detener el plan de Dios
Después que chocara el barco donde Pablo viajaba, todos los tripulantes nadaron hacia una isla para ponerse a salvo. Así que imagínate, Pablo y los demás sobrevivientes estaban cansados, empapados y con frío después de que su barco se dañara.
Llegaron a la isla llamada Malta. Las personas de la isla encendieron una fogata para calentarlos. Y Pablo tratando de ayudar, buscó ramas secas y las echó al fuego. Pero dentro de la leña había una víbora venenosa que cuando escapaba del calor mordió la mano de Pablo. Parecía que todo lo malo le pasaba a Pablo.
Las personas de la isla se sorprendieron. Y pensaron que Pablo tenía que ser un criminal muy malvado! Que tal vez se había salvado de morir ahogado en el mar, pero la justicia no lo dejaría vivir y ahora tenía que morir por una serpiente.
Pero ¿Qué crees qué hizo Pablo? Sin problema, simplemente sacudió su mano sobre el fuego y la víbora cayó a las llamas.
Todo el mundo lo se le quedó viendo fijamente, esperando a ver a qué hora se le hinchaba la mano, se caía al suelo o se moría. Pasó el tiempo Y a Pablo no le pasó absolutamente nada. La gente no lo podía creer.
¿Por qué no le pasó nada a Pablo? ¿Tenía poderes para que no le pasará nada o era inmune al veneno? ¡No! Lo que pasaba era que Dios le había dicho a Pablo que tenía que llegar a Roma a hablar de Jesús, y si Dios tenía ese plan, ¡una víbora no lo iba a detener! Dios cuidó la vida de Pablo porque su misión en la tierra aún no había terminado.
A veces, cuando tratamos de hacer lo correcto, ser buenos amigos o hablarle a alguien de Jesús, surgen "pequeñas víboras": problemas, miedos, burlas o momentos difíciles que quieren detenernos.
Pero esta historia nos enseña que si estás en las manos de Dios y haciendo su voluntad, Él te cuida y te da la fuerza para sacudirte el miedo y seguir adelante. Ningún obstáculo es más grande que el plan que Dios tiene para tu vida.
Dónde estés Dios tiene un plan para ti
Todos se quedaron por un tiempo en la isla. El hombre más importante de ahí se llamaba Publio quien era como el gobernador o jefe del lugar. Él fue generoso y recibió a Pablo y a otros en su casa durante tres días.
Pero resulta que hubo un problema: el papá de Publio estaba muy enfermo en cama, sufriendo de fiebre y dolor.
Pablo entró a la habitación, oró por él, le puso las manos encima y... ¡Dios lo sanó por completo!
Al enterarse, todos los demás enfermos de Malta empezaron a llegar a buscar a Pablo, y Dios los sanó a todos. Tanto se transformó la isla que, cuando finalmente llegó el momento de irse tres meses después, la gente los despidió con regalos y todo lo necesario para su viaje. Eso fue extraordinario.
¿Crees que llegar a Malta fue un accidente? Tal vez sí. Pero hoy aprendes que accidente o no, Dios transforma lo que nos sucede en oportunidades. Para Dios no existen las casualidades.
Lo mas seguro es que Pablo no terminó en esa isla por error; Dios pud usar una tormenta y un naufragio para llevar el amor de Jesús a una comunidad que nunca antes había escuchado de Él. Dondequiera que Pablo pisaba era usado por Dios para bendecir a otros.
A veces nos pasan cosas que no planeamos: un cambio de planes, un día lluvioso que arruina nuestro día, tener que ir a un lugar donde no queríamos estar o una situación difícil.
Pero hoy Dios nos enseña que puede usar cualquier lugar y cualquier momento para que seamos usados por Él.
Si estás en un lugar nuevo, ahí puedes compartir a Dios. Si ves a alguien triste o enfermo, puedes decirle que vas a orar por Él. Tú no estás en tu escuela, en tu colonia o en tu familia por casualidad: Dios quiere usarte exactamente en el lugar donde estás hoy.
Las cadenas no pueden frenar el Evangelio
Finalmente después de la tormenta, el naufragio, la isla, las enfermedades y varios meses de viaje... ¡Pablo llegó a Roma!
Pero Pablo no llegó como turista que se hospeda en un hotel. Llegó como un prisionero. Su prisión tenía algunos privilegios, porque era ciudadano romano. Le permitieron alquilar una casa pequeña, pero siempre tenía que haber un soldado romano amarrado o pegado a él para vigilarlo.
¿Pero creen que eso detuvo a Pablo? ¡No! Pablo no podía salir a buscar a la gente, pero, la gente empezó a ir a su casa. Pablo recibía a todos, líderes, vecinos, niños, ancianos... ¡Pablo le predicó incluso a los mismos soldados que lo vigilaban!
Nada podía detener a Pablo, o mejor dicho nada podía detener el evangelio que predicaba Pablo. El mensaje de Dios es más fuerte que cualquier pared o cadena.
Podían encerrar a Pablo en una casa y ponerle guardias, pero no podían ponerle un candado a la Palabra de Dios. Pablo entendió que no necesitaba un edificio ni estar en libertad para ser un misionero: su propia casa y su condición de prisionero se convirtieron en su mejor lugar para compartir de Jesús.
A veces pensamos: "Es que yo soy muy chiquito", o "Es que estoy encerrado en mi casa", o "Es que no sé hablar bonito". Pensamos que tenemos cosas que nos impiden ser usados por Dios.
Pero la clase de hoy nos demuestra que no necesitas estar en una iglesia con un micrófono para hablar de Dios.
Dondequiera que estés, puedes hablar del amor de Jesús. Si Pablo pudo compartir el Evangelio teniendo a un soldado romano al lado, ¡tú también puedes compartirlo en donde te encuentres!
Conclusión: Si vemos en la Biblia en el último versículo del libro de Hechos, nos vamos a dar cuenta de que la historia parece quedar 'sin final'. No nos dice qué le pasó después a Pablo, ni cómo terminó su juicio, ni si salió de la cárcel.
Pero esto no fue un error de Lucas quien escribió Hechos. ¿Recuerdan que dijimos que la lava de un volcán o un tsunami son cosas indetenibles?. Pues el evangelio hoy después de más de 2000 años sigue avanzando y no se detiene.
Nosotros somos la continuación de la iglesia del libro de los Hechos!
Cada vez que tú le hablas de Jesús a un amigo, cada vez que oras por alguien que está enfermo, cada vez que muestras amor o compartes de Dios en tu escuela, el libro de Hechos se sigue escribiendo.
Oración modelo. Amado Dios, gracias por tu amor y por tu Palabra. Gracias porque tu mensaje es imparable y nada ni nadie lo puede detener. Cuídanos en los momentos difíciles, úsanos en cualquier lugar donde estemos y quita de nosotros todo miedo. Queremos ser parte de tu historia y compartir tu Evangelio con todos. En el nombre de Jesús, ¡Amén!
Llamado a la Acción: Ahora que ya entendiste que el Evangelio es imparable y que Dios quiere usar tu vida igual que usó a Pablo... ¡es momento de ponerlo en práctica esta misma semana! Tu misión de estos días es muy sencilla:
Escoge a una persona: Piensa en un amigo de la escuela, un primo o un vecino que necesite saber que Dios lo ama o que esté pasando por un momento difícil.
Haz una acción indetenible: Háblale de Jesús o cuéntale la increíble historia de cómo Pablo se sacudió la víbora sobre el fuego. O si te da pena hablar, ¡haz un acto de amabilidad! Ayúdale en algo, dale un buen abrazo o dile que vas a orar por él.
No te detengas por el miedo: Si sientes vergüenza o piensas 'no voy a poder', acuérdate de Pablo en la isla de Malta. Sacúdete el miedo como él se sacudió la serpiente, porque Dios está contigo.
Juego: "¡Pon y Sacúdete la Víbora!"
Materiales necesarios
Una cartulina con el dibujo de Pablo sosteniendo ramas junto a una fogata. La mano de Pablo debe tener un pedazo de velcro (o cinta adhesiva).
Una víbora hecha de cartulina o fieltro con el lado opuesto del velcro.
Una cubeta pequeña o caja pintada como "fuego" colocada en el suelo cerca de la cartulina.
Una venda para los ojos.
Cómo se juega
Formación de Parejas: Los niños juegan en parejas (Jugador A y Jugador B).
Fase 1 - Colocar la víbora (Jugador A):
Se le vendan los ojos al Jugador A y se le dan dos vueltas suaves.
Su misión es intentar pegar la víbora exactamente en la mano de Pablo.
Si la pega en la mano (o cerca), la víbora "mordió" a Pablo.
Fase 2 - Sacudir la víbora (Jugador B):
Inmediatamente después, se le vendan los ojos al Jugador B y se le dan dos vueltas.
Guiado únicamente por los gritos de ánimo de su equipo ("¡A la izquierda!", "¡A la derecha!", "¡Más abajo!"), debe encontrar la mano de Pablo, arrancar la víbora y correr a tirarla dentro de la cubeta de "fuego".
Puntuación y Tiempo: Gana la pareja que logre pegar y "sacudir" la víbora en la fogata en el menor tiempo posible.
Conexión bíblica durante el juego
Cada vez que un niño logre tirar la víbora a la cubeta de fuego, todo el grupo debe aplaudir y gritar la frase clave de la lección: "¡Nada detiene al Evangelio!" Esto refuerza que, aunque las pruebas vienen (poner la víbora), Dios nos da la fuerza para superarlas (sacudirla al fuego) y continuar la misión.
HOJA DE TRABAJO PARA BEBÉS
Hoja de trabajo para niños pequeños
Hoja de trabajo para niños medianos
Hoja de trabajo para niños grandes
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